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Diálogo con Cynthia Rimsky a partir de Los perplejos
En estas nuevas páginas del diario, Graciela Batticuore sigue interrumpiendo el silencio de estar sola con lecturas y relaciones que van desde Nin a Delfina Bunge y Duras hasta quedarse con Simone de Beauvoir, allí donde comienza diciendo: “No sabía hacer nada con mi cuerpo, ni siquiera andar en bicicleta, me sentía tan torpe como el día en que me había exhibido disfrazada de española”.
En el diario de la espera nada acepta la inmovilidad ni la ausencia. En esta segunda entrega, Batticuore convoca las voces grabadas para el trabajo de una novela y el viaje a Macerata, Italia, vórtice y principio de la narración. Elige confinarse en aquella casa italiana mientras da vueltas en la otra, en Buenos Aires, y escribe: “La casa de mi madre está hecha de piedras. Todo el pueblo de Castropignano es de piedras. Ahí mismo nació María, creció y compartió la cama con su madre y con su hermana mayor hasta que ella se casó y se fue, dice que dormían abrazadas las tres, mientras nevaba afuera como hoy en Macerata.”
