Hecha de época y con la época, La fiesta silenciosa no esquiva las relecturas sobre sexos y géneros que vienen conmoviendo los debates más recientes. Pero más que una nota al pie de un momento histórico, busca algo de ese gesto total del cine: el que hace preguntas. A veces, incómodas.

En este tiempo de espacios reducidos y rutinas (re)movidas, las experiencias individuales decantan y se adensan al punto de hacernos sentir más solos y aislados. El arte que no hace más que manifestar todo lo que es humano nos permite pensarnos en todas nuestras dimensiones. Time, la re-edición de la performance de David Lamelas en Suiza en 1970, condensa la síntesis de dos dimensiones que se nos han vuelto esquivas: el tiempo y el espacio.