En estas nuevas páginas del diario, Graciela Batticuore sigue interrumpiendo el silencio de estar sola con lecturas y relaciones que van desde Nin a Delfina Bunge y Duras hasta quedarse con Simone de Beauvoir, allí donde comienza diciendo: “No sabía hacer nada con mi cuerpo, ni siquiera andar en bicicleta, me sentía tan torpe como el día en que me había exhibido disfrazada de española”.