“Los personajes femeninos de la novela Enterrados de Miguel Vitagliano” de Ginevra Viesti (traducción de María José Schamun)

Elisa, nacida en el seno de una familia de clase media, es secuestrada a los cuatro años a causa de su belleza. No quiere estar hecha de un material dúctil, ella querría ser de piedra para no cambiar consistencia con el calor. A la muerte de su padre, héroe caído en combate, recibe de su tío un pequeño elefante de marfil, regalo que el padre le deja y que usará como talismán, apretándolo con fuerza en los momentos de dificultad.

Obtiene resultados brillantes en los exámenes finales en el Trinity College y se presenta en sociedad en una noche en Ammiragliato durante la que conoce al Doctor Xavier de Quatrefage quien dice ser médico del Ejército de Francia. Ya desde el primer encuentro, Elisa le hace creer que es él quien guía la conversación. Poco después, se casan y van a vivir a París sin que la muchacha note las incongruencias del relato que este personaje hace de sí mismo, ni sus defectos físicos o sus carencias afectivas, pero cuando comienza a descuidar sus deberes o a desoír las demandas de su esposa, ella siente una fuerte necesidad de pedir explicaciones, tomando de forma evidente el control de la conversación. En estos diálogos, el medicucho, visto que en realidad es un asistente de sanidad y no un médico, comienza a retroceder atrincherándose en sus mentiras. El sueño de la vida parisina se desvanece a causa de la decisión de él de mudarse a Argelia.

Éste será, para Elisa, un viaje iniciático durante el cual reemplazará el calor humano que él no le da con regalos. Se entregará a la sumisión, sólo a cambio de la satisfacción de una larga serie de deseos materiales.

Mientras lee Indiana, primera novela escrita por Aurore Dupin bajo pseudónimo, ella se rebela a los recatos y a las limitaciones impuestas por el marido y, por aburrimiento, lo traiciona sin preocuparse de ocultar su aventura amorosa, al punto de ser descubierta. Quatrefage decide que ella debe abandonar Argelia y volver a París, le asegura que se reunirá con ella, pero nunca lo hará.

Elisa es abandonada pero, cuando tiene la oportunidad de mencionar lo sucedido a Madame Dumont, el marido en su relato se transforma en su hermano.

En el salón de Dumont, Elisa conoce al mago Herr Bohr, el único hombre que logrará sustraerle el elefantito de marfil. También Bohr tiene una discapacidad física, que lo hace cojear, y tiene un fuerte acento alemán que, así como su nombre, él ha elegido para seguir una moda europea propia de su ámbito.

En este período, Elisa conoce a Francisco Solano López, uno de los hijos del presidente del Paraguay, un hombre de manos cálidas, que a pesar del papel que tiene y de las cicatrices que lo avalan, durante las primeras líneas intercambiadas, se siente incómodo con ella.

Incluso la belleza de Elisa hace crecer, eleva. El encuentro intelectual y el amor filial que ella siente hacia Bohr crecen a través de las numerosas lecturas compartidas y si bien los términos del contrato que regula su relación son tácitos, ambos los conocen bien: por un lado, la lectura y las referencias a Indiana, a quien Elisa imitaba en aquel período, quedan excluidas de las conversaciones; y, por otro lado, cualquier referencia explícita al objeto que era el símbolo de los experimentos mágicos, la caja mágica, debía ser evitada.

Elisa y Mitre se encuentran a sí mismos en una novela dado que él imita a Indiana en la escritura de Soledad.

Durante esta nueva relación, la mujer busca entablar un diálogo con Solano López que, sin embargo, como todos los hombres, es evasivo: se guarda de su curiosidad y luego se ausenta. Se hace acompañar públicamente por ella, pero de manera frecuente la deja sola en medio de los eventos. Elisa reclama con la fuerza de la presencia, tanto como para ser llamada La guerrera en la intimidad, pero no le pedirá que se case con ella.

Cuando Lynch descubre que está embarazada, Solano López como buen político, no se presta al diálogo ni asume sus responsabilidades, sino que las delega en una mujer, Julie, para que tome su lugar en esta relación y cuide a Elisa. Cuando Elisa se descubre, se desnuda, se entrega en cuerpo y alma al otro, dándole el propio calor, siguiendo las huellas de su heroína, pero es dejada de lado. A Francisco sólo le interesaba poseerla.

Él decide que su hijo no debe nacer en Europa, es tiempo de zarpar de regreso a Paraguay. Para despedirse de ella, Bohr le regala una copia de la edición más reciente de Indiana para que la acompañe en su nueva aventura. Para responderle, Elisa derriba el único límite que había impuesto a sus conversaciones: le promete al mago que la leerán juntos, si bien en un futuro irreal.

Entre los intentos programáticos del Mariscal Solano López, finalidad y justificación de la Guerra de la Triple Alianza, estaba el de llenar “el Paraguay de hijos y que él sería el padre de todos y (Elisa) la madre”. Por lo tanto, además del propio, hace venir desde Europa más de trescientos especialistas, entre los cuales había médicos e ingenieros.

Delfina es una mujer que espera, una Penélope hacendosa, que escribe una carta a Mitre con el título: “A tí te sobra lo que a mí me falta” aun si más allá de todo, tanto el exceso como la falta tienen como objeto el cuerpo del marido. De aquí la idea de que, aun cuando supiese que el libro (La Divina Comedia) era la garantía de su amor, en realidad, su deseo era más que carnal.

Delfina es mujer salvadora: gracias a una escarapela bordada en la boina del marido con un tejido muy grueso (un punto por cada mes que pasaban separados), Mitré salvó la vida de un ataque con arma de fuego. Durante la convalecencia, ella le lee las noticias de los periódicos después de haberlas seleccionado meticulosamente. Ella lo aleja del mal, lo saca de sí mismo. También Delfina tiene un libro de referencia, una copia propia de la Divina Comedia y se divierte con un juego literario que sucede en espejo: la actividad consiste en intentar conectar las noticias del día con la lectura casual de pasajes de la obra dantesca. El libro responde a las preguntas que Delfina hace dado que, en este juego, el diálogo que se entrelaza con Mitre sigue una escenificación ya escrita: a las preguntas que le hace la imagen de su mujer reflejada en el espejo, Mitre responde de forma mecánica, como siguiendo un guión. Ella se refleja en el espejo reflejando su libro. El contacto real viene de la mano apoyada sobre el hombro de la mujer.

Durante su permanencia en Paraguay una vez nacido su hijo, Elisa, a diferencia de Delfina, no siente la ausencia del cuerpo del Mariscal sino que lo percibe en todos lados. Se siente espiada, se habla de ella, pero luego de sufrir por eso, termina por no prestar atención a los rumores. Mientras tanto, regala a Julie vestidos y sombreros que no le gusta usar y observa con atención creciente los retratos de las partes del cuerpo que hace la muchacha. Lynch cede su rol a la gobernanta que, de hecho, viste las ropas de una Elisa sin cadenas. 

Al desvanecerse el calor, Elisa comienza a hacer reclamos también a Solano López: quiere una berlina tirada por un caballo, privilegio reservado sólo al padre, Don Carlos. A pesar de las objeciones, Francisco cede al pedido, enfrentando la autoridad del padre y generando una crisis en su relación con él. Si al llegar a Paraguay se había empeñado en embellecer la casa que su compañero le había asignado pensando que sería su nido de amor, desilusionada de sus expectativas, elije la carroza como hogar. Una guarida móvil que tiene en su interior todo su universo y que le permite detenerse cuando siente la necesidad.

En esos momentos de quietud, Lynch lee a Flaubert. ¿No fue Emma Bovary quien llevó a generaciones de esposas aburridas a la rebelión? Y la rebelión, ¿no puede traducirse sólo en gestos? La primera vez que Emma habla en privado con Charles Bovary y le  convida con licor, lame el fondo del vaso, es la primera vez que se lee un acto tan seductor en la literatura.

Elisa, sin embargo, no se identifica con el personaje de Emma Bovary sino que siente los lazos que la unen a Indiana, Elisa es una mujer europea heroína de Paraguay.

De hecho, comenzada la guerra, Elisa declara su pertenencia a esta nación, va al frente a asistir al Mariscal y ayudar a los soldados. Entre las filas del ejército comienzan a difundirse historias legendarias sobre ella que hablan de columnas de mujeres guerreras encabezadas por Madame Lynch, o de una amazona sin caballo que viajaba en carroza, y de muchas otras cosas más.

En medio de la acción bélica, Solano López se enferma, y mientras él delira presa de la fiebre, Elisa se arroga el papel de Mariscala y, tal como López lo había esperado, se vuelve la madre del pueblo del Paraguay aunque por sustitución o destitución del padre.

Entre las muchas localidades, Curupaytí era un puesto de avanzada estratégico porque era un punto que vinculaba las redes telegráficas desde Humaitá hasta Asunción. Para protegerlo, Elisa ordena a las mujeres que caven con sus manos hoyos en la tierra que sean tan hondos como para enviar a los enemigos directamente al infierno. Las madres siguen sus órdenes y llevan barba, se hacen hombres para combatir junto a sus hijos.

En el frente opuesto, la imaginación de Mitre es estimulada por las diversas representaciones de Madame Lynch: la hechicera, la que envenena los ríos, el fantasma, la que confecciona camisas de cuero crudo para los disidentes.

Elisa ya no emula modelos literarios, no se apoya más en un hombre que le dé calor, sino que se erige caudilla de Paraguay en guerra y triunfa en esta batalla que será una de las derrotas más atroces del ejército aliado.

Delfina, mientras tanto, asumido su rol institucional, se prepara para llorar con las demás madres a los hijos muertos. Delfina es madre entre las madres, parte de un colectivo femenino.

Delfina se ve obligada a recurrir nuevamente a su libro, la Comedia, pero esta vez no para explicar la realidad a partir de fragmentos elegidos, en un movimiento de afuera hacia adentro, sino en un movimiento opuesto, de adentro hacia fuera: la realidad que el país vive ya fue escrita en la primera parte de la Comedia, en el Infierno.

Si Mitre es el traductor de la obra dantesca, Delfina es su intérprete. Mitre no logra ir más allá del significado literal, Delfina excava entre los diversos niveles buscando respuestas y predicciones. El dolor del pueblo, la realidad infernal, la búsqueda de significado. Delfina ya no puede jugar, por lo que se apodera de uno de los cuadernos del marido y copia en uno propio los pasajes que él no le había leído. Poseer a Mitre a través del acto de la copia. A partir de aquí, subrayará los periódicos a través de los ojos de él, lo encarnará, hasta instalarse y sustituir su propia consciencia, su alma, e irá más allá del mismo Mitre, poniendo en acto aquello que para él era sólo una posibilidad. La mujer angelical intenta salvar al hombre llevando a cabo el viaje dantesco en su lugar, pero el hombre es una criatura abominable cuyo espíritu permanece perdido en la selva oscura y por hambre o por fama necesita devorar a sus propios hijos. Los presagios de Delfina se harán realidad, Mitre aleja al hijo de la casa para volverlo un hombre y el muchacho poco después se suicida. Delfina, madre entre las madres; las lágrimas ya habían sido derramadas.

También Solano López y su primogénito Panchito mueren en batalla, Elisa cava la tumba con sus manos: nuevamente mueve la tierra del Paraguay para que haga lugar a sus muertos. Nada es más doloroso que una mujer que debe sepultar a su hijo y al propio hombre, el elefante de marfil es sepultado junto al cuerpo de los dos López.

Elisa regresa a Europa y frecuenta los museos, lee los informes en busca de respuestas que no llegarán.

Reclama al Paraguay los objetos y el mobiliario que él le había dejado en su testamento, pero muerto él muere también el diálogo y el contacto con la nación. Todo intento de ponerse de comunicarse con el otro será declinado, sus palabras son soliloquios que no serán escuchados. La historia no da voz a los vencidos: pero Elisa se rebela y escribe de puño y letra una historia alterativa que rescata a su personaje de la narración ajena y del olvido. La paz está hecha, ahora puede vivir como una mujer real en Europa.

Ella desmontaba los prejuicios de la sociedad porteña, era la europea escandalosa que transformaba el espíritu de los paraguayos. Fue pues la heroína que acompañaba a su hombre a la batalla, temible y altanera como ninguna de las mujeres que Víctor Hugo hubiese creado en sus novelas.

Una mujer imposible en la realidad. Una mujer que volvía la realidad imposible

Delfina se apaga a causa de la enfermedad: lo primero que se extinga será la mirada, luego el resto. Sólo entonces Mitre escucha sin poder reconocer más que el eco de las palabras e intuiciones que la mujer le había sugerido por años.

Mitre es un “enterrado”, sepulto entre las piedras de sus obras y sus empresas. Intenta aplicar el método de la interpretación retrospectiva: traducirá la Comedia al castellano de la época de Dante, de esta forma podrá liberar a la obra de la gloria que la ha ofuscado por siglos, pero sólo tiene un éxito parcial y es incapaz de aplicar el método a sí mismo, a su propia narración. Mitre vivirá incluso después de muerto, en la publicación póstuma de la traducción de la Comedia, pero vivirá del reflejo de la gloria del Sumo Poeta.

Ginevra Viesti
María José Schamun (Trad.)
Buenos Aires, EdM, marzo 2020

Ginevra Viesti es Licenciada en Lenguas Modernas para la comunicación (2011) por la Università del Salento, trabaja como docente de lengua italiana para estudiantes de lengua extranjera y castellana en la European High School “Fermi-Monticelli” de Brindisi. Como Vicepresidenta de la Casa della Poésie “El cactus” ha organizado dos ediciones del Festival Internacional de Poesia de Ostuni (BR): “Poesia Fuoco e Gioco” en 2018 y “Trasmigrazioni poetiche” en 2019.