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¿Soñábamos con 5000 personas escrachando a Videla en 1996? ¿Entendimos la importancia de la marcha por los veinte años del golpe de 1996 cuando lo escrachamos en 2006? ¿Hasta qué punto el 2001 vivía en la semilla de esa movilización de 1996? ¿Cuánto le debe la alegría carnavalesca con la que repudiamos a Videla sobre la Av. Cabildo a los acontecimientos de 2001? Ellos no sólo abrieron una nueva etapa en el tablero de las distribuciones políticas, sino también consolidaron el sentido de la historia desde el punto de vista de los que resistieron las políticas neoliberales durante los años previos. En los primeros meses de 2002 se discutió mucho sobre el sentido del estallido social. Si era un golpe del peronismo a la Alianza, si era una reacción antipolítica proto-fascista de ahorristas indignados, si «que se vayan todos» acaso no pedía un golpe de Estado. Lo que faltaba calibrar en esas lecturas –y todavía se resisten– es evaluar en qué medida tanto las movilizaciones de los sectores medios a partir del anuncio del Estado de Sitio del 19 de diciembre, como los saqueos de los sectores populares desde los días previos, en distintos lugares del país, no vivían ya como semilla política en las resistencias previas.
La palabra encarnada: ensayo, política y nación. Textos reunidos de Horacio González (1985-2019), compilación y estudio preliminar de […]
