Grazia Deledda nació en 1871 en Nuoro, Cerdeña, y en 1926 ganó el Premio Nobel de literatura por «por sus escritos de inspiración idealista que, con plástica claridad, describen la vida en su isla natal y tratan con profundidad y simpatía los problemas humanos en general». En conmemoración del 150° aniversario de su nacimiento y del 95° de la entrega del Nobel, compartimos tres poemas juveniles en los que puede verse el inicio de su búsqueda estética, traducidos al castellano por primera vez.
La Aurora
¡Cuán dulce es despertar por la mañana
junto a ti! Si ya es tanta la dulzura
de pensar, al despertar, en un amor
lejano, qué inmensa alegría es ésta
de regresar del reino del olvido
para reencontrar la luz en dos bellos
ojos amados, y en las manos todo
asir, con la amada cabeza, todo
el sueño de nuestra vida. Reluce
tras los vidrios la aurora en cercos de oro,
ciñendo como encantados anillos
de nuestro grande y puro amor el nido.
De La Luna de Miel. Publicada por primera vez en Vita Nuova, Rivista mensile illustrata di lettere, arti e scienze; directora Clelia Bertini Attilj: Roma, año II, mayo 1900, n. 6
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Hacia lo desconocido
Y ahora te dejamos, oh rosada, oh bella
ciudad del mar. Adiós. Embarcados hacia
desconocidas playas zarpamos sobre
una vasta nave negra. El golfo ríe
como un lago a la luna, y los faros brillan
sobre el cielo y en las aguas. De la quilla
brota un río de plata, que se eleva
delante luminoso. Con lentitud
se disipa en el horizonte la amada
tierra y declina como estrella el último
faro – ¿Fue acaso un sueño?- El alma extraviada
observa el inmenso círculo del mar
y se atemoriza frente al infinito,
a lo que deja en el pasado, a cuanto
encontrará en el futuro. Pero una voz
querida así le habla: -¿Ves tú la pura
luna que acompañar parece esta nave?
¿Ves la luminosa estela que parece
plateada calle que a la luna lleva?
No te acongojes, oh pequeña salvaje,
no llores si distante ves el celeste
espejismo de tu tierra natal:
el mundo, en todos lados bello, será nuestro
mientras que la dulce y como miel amada
luna de nuestro amor resplandezca:
y resplandecerá siempre, frente a nuestros
pasos extendiendo una brillante senda.
De La Luna de Miel. Publicada por primera vez en Vita Nuova, Rivista mensile illustrata di lettere, arti e scienze; directora Clelia Bertini Attilj: Roma, año II, mayo 1900, n. 6
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La senda de los sueños
Yo voy por la sidérea
senda de los sueños: sola
en lo profundo de una desierta
isla desconocida;
voy pensativa y sola,
mas no salvaje y muda;
y, del sendero experta,
cruzo osada
de los sueños la callada
estepa verde, siempre.
La hora es tranquila y silenciosa
sobre los matorrales y helechos
de oro, la luz enciende
tenues reflejos dorados
de anochecer; de las encinas
de rubias y delicadas
flores baja un robusto
perfume de potentes
castos sentimientos
de fuerza y juventud.
Yo voy sola: en el cruce,
sobre cuyo fondo, al aire
lácteo, un sutil tembloroso
arbusto desvanece; el mar
lejano, solitaria
vaga visión, aparece;
el mar, que cual amante,
amada y odiada esfinge,
inexorable estrecha
los brazos a mi alrededor.
De a ratos un orgulloso y ardiente
sentido de ignotas cosas
viene de otros mares: como
aliento de funesta
fiebre me sacude: escondidas
vienen con extrañas ropas
larvas infinitas: por el nombre
me llaman, y un encantamiento
que parece risa y es llanto
tejen a su vez danzando.
Y entonces un vértigo
de acres deseos me empuja:
y entonces hacia el cielo
la risa embriagada,
te impreco, oh inicua esfinge,
oh mar fatal y odiado;
es entonces que siento y anhelo
del patrio halcón el vuelo
y del solitario suelo
me alzo invocando al cielo.
¡Los cielos, los cielos! ¡Los vértices
de oro del Arte! ¡A los tronos
más excelsos de la fama
subir! Pero poco a poco
de las arduas visiones
suave me devuelve
a mí una voz; el fuego
bajo destruye la horda
de criminales larvas; y blanco
regresa el rostro una vez más.
Oh dulce voz, oh rezumante
perfumada voz apacible,
de los sueños íntimos y puros
voz, que ríes y cantas
por la desierta senda;
ante ti me inclino: las santas
flores del gordolobo, los puros
lirios y los helechos de oro
beso, perdón imploro,
y sigo mi camino.
Adelante, adelante; el alma
siempre camina y sueña,
no ve nunca las espinas,
ama las cosas buenas,
aborrece la mentira
odia la adulación…
¿Qué importa si el confin
de su camino verde
es ignoto, si se pierde
en tierra, en cielo, en mar?
Publicada por primera vez en La Piccola Rivista, Cagliari, 11 diciembre 1898, n.1
Traducción de María José Schamun
Buenos Aires, EdM, diciembre 2021
Crédito de la imagen: Facebook GRAZIA DELEDDA premio Nobel per la Letteratura 1926. Se trata de un collage realizado por la artista Stefania Morgante.
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