Cómo sobrevivir en el espacio sin el Sr. Spock. Hoy «El primer beso», por María José Schamun

Durante los primeros días de noviembre de 1968, siete meses después de la muerte de Martin Luther King y ocho meses antes de la llegada del ser humano a la luna, en la Paramount se filmaba el episodio “Los hijastros de Platón”, de la serie Viaje a las Estrellas. El capítulo exploraba la decadencia del carácter por el ejercicio del poder, pero es recordado por haber transmitido el primer beso interracial de la televisión estadounidense. En él, una raza extraterrestre de rasgos arios fuerza al Capitán Kirk y al Sr. Spock a realizar acciones degradantes para obligar al doctor McCoy a quedarse en el planeta. Ante la negativa del médico, las humillaciones incrementan hasta que los platonios deciden secuestrar a la enfermera Chapel y a la Teniente Uhura, y fuerzan a los cuatro tripulantes a una doble escena de supuesto romance.

Por aquel entonces, en las oficinas de la NASA, Katherine Johnson era una de las primeras mujeres afroamericanas en formar parte del equipo de trabajo de la misión que aterrizaría en la luna. El grupo de especialistas estaba formado por “blancos” y “negros”, y aunque todavía no había astronautas afroamericanos (o de ascendencia africana), el detrás de escena de la ciencia real comenzaba a ver caras de todos colores. Sin embargo, eso no significaba que las tensiones raciales que se veían en la sociedad quedaran del otro lado de la puerta de la NASA o del set de grabación de Paramount Pictures.

El director del episodio 10 de la tercera temporada, David Alexander, sintió la necesidad de reconsiderar el guión cuando se dio cuenta de que incluía un beso entre el Capitán Kirk (William Shatner) y la Teniente Uhura (Nichelle Nichols). No era la violación a la consciencia de los personajes lo que motivaba su objeción, sino la medida de la humillación. Que un hombre blanco se viera rebajado a besar a una mujer negra era inaceptable. Tuvo que intervenir Gene Rodenberry, creador y productor de la serie, y un “sabotaje” de Shatner a la toma sin beso, para que el capítulo fuera el que hoy recordamos.

Recién el 1983, el primer astronauta afroamericano, Guion Bluford, llegaría al espacio exterior. Antes, sólo la Teniente Uhura. 

     A principios de la década del sesenta, en la televisión británica, se habían visto las primeras relaciones interraciales sin que los televidentes esbozaran queja alguna. Pero la naturalidad de estos vínculos entre personajes considerados de razas diferentes, no era posible en suelo americano donde recién en julio de 1967 el matrimonio interracial fue legal en todo el territorio de los EE.UU. Por lo menos, así lo veía David Alexander, quien indicó a los actores que hicieran hincapié en la fuerza con la que intentaban resistirse al beso. La escena debía ser, ante todo, violenta. El capitán y la teniente eran, por sobre todas las cosas, seres antagónicos. Resulta curioso, sin embargo, que el director no opusiera resistencia al beso entre la enferma Chapel y el Sr. Spock. Tal vez, tuviera que ver el hecho de que el oficial científico era vulcano y aquel beso implicaba rebajarlo al nivel del ser humano (nivel aceptable para la audiencia humana), pero rebajar a un ser humano caucásico al nivel de un ser humano negro le resultaba inaceptable. 

Después de que el episodio saliera al aire el 22 de noviembre, en la Paramount no recibieron un solo llamado de queja o de felicitación. La audiencia, incluso la del sur de los EE.UU., parecía haber tomado la escena con naturalidad. Décadas más tardes, el beso entre el capitán y la teniente es celebrado como el primer beso interracial de la televisión. Por supuesto se equivocan, no sólo porque ya había sucedido en la pantalla del Reino Unido sino porque había sucedido en la misma serie un año antes, cuando Kahn Noonien Singh había besado a Marla McGivers en “Semilla espacial”. En aquel episodio de febrero de 1967, un hombre indio genéticamente modificado para tener habilidades físicas y mentales superiores a la media humana (Kahn) enamoraba a la Teniente McGivers. Aunque el vínculo entre los personajes es violento, la sumisión de la mujer blanca se veía justificada por la superioridad artificial del hombre indio.

¿Por qué la audiencia recuerda el beso entre el capitán Kirk y la Teniente Uhura como el primero? Podemos desviar la mirada hasta el episodio “El último campo de batalla” que salió al aire sólo dos meses después de “Los hijastros de Platón”. En él, la nave Enterprise encuentra un ser que es mitad negro y mitad blanco. El capitán, el doctor y el oficial científico se encuentran desconcertados, no comprenden cómo pueden convivir el blanco y el negro en un mismo ser y “a juzgar por lo que podemos ver, sabemos que, como mínimo, es el resultado de un conflicto por demás dramático” (Capitán Kirk, “El último campo de batalla”)

Era evidente, el problema no eran las diferencias étnicas, era el color de la piel.

La franquicia desarrolló, al día de hoy, ocho series televisivas en las que el capitán de la nave insignia siempre es blanco y, en la única ocasión en que es negro, no es capitán sino comandante.

A pesar de todo esto, Mae Jemison llegó al espacio en 1992 a bordo de Endeavour porque Martin Luther King, asesinado el 4 de abril de 1968, convenció a una joven actriz de que la discriminación y las miradas despectivas que sufría en el set de grabación eran un precio bajo por el futuro de quien él consideraba sus hermanos. Nichelle Nichols no pudo decirle que no, y 35 años después, una de las tantas nenas que la miraba por televisión llegó al espacio para convertirse en la primera astronauta mujer afroamericana.

No podemos pensar que aquella discriminación ha desaparecido, la ingenuidad es complicidad, pero podemos estar seguros de que la ficción cumple un papel fundamental en lo que consideramos aceptable. Gene Rodenberry lo sabía y por eso puso a una teniente negra en el mismísimo puente de la Enterprise, trabajando junto al capitán y no “para” él. Sin embargo, es muy factible que no podamos vernos librados de la violencia mientras sigamos viendo el mundo en términos de “blancos” y “negros” como si fuéramos opuestos y no complementarios, como si no fuéramos de diferentes tonos de marrón.

María José Schamun

Buenos Aires, EdM, junio 2020


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