Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;
Vicente Huidobro
ESTELA
Hace mucho que no sabe nada de su hijo. Hasta el 1 de agosto, por más que él estuviera en algún lugar remoto de esos que le gusta recorrer, hablaban por teléfono todos los días. Pero hace casi dos meses que no llama ni contesta, que nadie lo ve. Por eso se empezaron a hacer las marchas en el pueblo, para que aparezca, y es otro viernes más de marcha porque sigue sin aparecer.
Hay una chica que ella no conoce. El pueblo es chico y se conocen todos. Pero esa chica no es del pueblo. Está con dos amigos de su hijo, debe ser una amiga de otra parte que llegó ese mismo viernes. Alguien del pueblo está desvariando en el escenario. Dice que a ella, a Estela, le arrebataron el hijo como a la Virgen María, cosas así. Por suerte no se extiende mucho: los dos amigos de su hijo y la chica desconocida suben al escenario para tomar la palabra. Ahí es cuando le presta atención y la chica deja de ser solo alguien más que vino a la marcha. Uno toma el micrófono y agradece a quien estuvo hablando.
Es Pablo, el Purru, y dice que ellos son amigos del Lechu de ahí del pueblo, que muchos los conocen, que lo van a seguir buscando. Está incómodo y no sabe qué más decir. Parece querer estar en otra parte. La chica y el otro amigo, Ema, tampoco colaboran mucho que digamos. Hasta que el Purru, que ya no sabe cómo seguir, habla sobre la amiga de Santiago que vino del sur. Estela entiende, por cómo abre los ojos para mirarlo la chica del escenario, que habla de ella, y que no esperaba ser nombrada. Cuenta que la chica escribió un poema para el Lechu que les hizo encontrarla. Le pasa el micrófono.
La chica lee entre la sorpresa, la incomodidad y la vergüenza, pero también lee segura de lo que está diciendo. Arrastra su voz al mismo tiempo ronca y suave por los versos del poema. Estela siente que ese poema no está hecho de palabras, que hay pedazos de vida ahí, dolor y ternura, y que ese poema habla de su hijo, no de la idea que pueden tener de él quienes lo conocieron por la búsqueda, sino realmente de su hijo: esa chica lo conoció. Lo siente en el dolor de su voz al leer, en la manera en que se quiebra en llanto cerca del final. Estela también llora; por primera vez en esas marchas de los viernes, llora. Cuando la chica termina de leer, Estela está ahí, frente a ella. Lloran mientras se abrazan. Quieren decirse muchas cosas pero el pueblo las escucha, un mundo de oídos las rodea.
EL PRIMER POEMA
“Sus amigos de Capital estaban repartiendo volantes, iban a pintar un mural. Y me dijeron que me sume. Lo primero que pensé es que yo pinto como el culo, realmente. No sé hacer un cartel, pinto como el culo. Y después había unas pibas que no sé qué hacían también. Y yo dije qué sé hacer yo, bueno, yo sé escribir, no sé si guau pero… Y dije bueno, voy a hacer un poema para hablar de él. Era para los conocidos al principio, para contar realmente quién era él. Yo siempre digo: surge de una necesidad. Los que pintan van a pintar, los que saben rapear –había amigos de él que improvisaban– iban a improvisar, bueno: yo voy a escribir. O sea, surgió como una cuestión totalmente utilitaria. Y ahí escribí el primer poema.”
Lo comparte en Facebook pero todavía no se viraliza. Entonces tiene la idea: hay que agregarle una imagen. ¿Pero qué imagen? No puede ser una foto porque al Brujo no le gusta que circulen imágenes suyas. Ni siquiera usa redes sociales. Una de las imágenes más icónicas, en la que se lo ve de frente, fue primero una imagen enviada por Whatsapp a Eliana y a otra amiga, una selfie. Incluso cuando la recortó para usarla de imagen de perfil solo podían verla algunos contactos. Entonces podía ser quizás un dibujo, pero no de los que hizo él. Cuando apareciera, Eliana iba a tener que responderle por todo lo que había compartido sin autorización.
MARTINA
Martina encuentra en Facebook un poema sobre Santiago Maldonado, uno de esos que están brotando por todas partes. Pero no es uno más. La chica que lo escribe sabe cosas que el Lechuga no le mostraba y no le decía a cualquiera. El Lechu se cuidaba mucho con lo que decía, si esta chica pudo escribir todo eso es porque lo conoció muy de cerca. No es una más. Martina la busca en Facebook y la agrega. Quiere saber de dónde es y cómo lo conoció en el sur. Después les va a contar a los otros amigos del Lechu de 25 de Mayo para que la agreguen. Y van a conocerla en persona cuando vaya, cuando ella participe a finales de septiembre de una de las marchas de los viernes por la aparición con vida.
SÁBADO
El sábado los amigos del hijo de Estela van a su casa. El día anterior ella le dijo a la chica del poema que quería que ella también esté. La chica va. En medio de los looks punks de los amigos anarquistas de Santiago, el toque hippie que le dan las flores en el pelo y su metro cincuenta le hacen verla frágil. Ese mismo sábado Estela habla con ella, con Eliana, le pregunta cosas cotidianas sobre su hijo, tal vez algunas que nunca le preguntó a él por teléfono en tantas veces que hablaron. Pero también le dice: “En este lugar sos la última persona que estuvo con él”.
ESCENARIO
En enero de 2017 efectivos de la Infantería de la Policía de Chubut entraron a la comunidad Pu Lof, ubicada en el departamento de Cushamen. La represión, además de no contar con una orden judicial que la avalara, fue brutal. Los efectivos dispararon a mansalva, a matar, dejando dos heridos graves. Fausto Jones Huala recibió varios disparos en la cabeza que le ocasionaron un politraumatismo de cráneo y pérdida del habla. A Emilio Jones una bala de goma le destrozó la mandíbula y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para una reconstrucción maxilar. La nota de Página 12 recoge un tweet donde se ve una foto de la herida, enorme, un hueco horrendo en el límite entre la mandíbula y el cuello a centímetros de la oreja derecha. Pienso en Walsh que se sintió insultado por las heridas en la cara de Livraga.
Busco la nota de Página porque Eliana la menciona para hablar sobre la atmósfera pesada que se vivía en la zona. Es una atmósfera que, lejos de disolverse después de la desaparición de Santiago, tomó otras formas: “Yo sabía que había unas pibas en Mendoza que estaban siendo hostigadas. No nos hablábamos todavía con ellas. Pero les caía la policía a la casa. Las llamaban por teléfono y les decían: ‘Lo tenés escondido a Maldonado ahí’. Y nada que ver, Santiago había vivido un tiempo ahí pero hace… Otra piba en Esquel que también la amenazaron sarpado, que tenía un auto afuera de la casa… Cosas que uno nunca pensó que iban a poder volver a pasar.”
LOS DIBUJOS
El primer dibujo fue el de Nico Ilustraciones. Es el favorito de Eliana, que reconoce que Nico contaba al momento de hacerlo con toda la información que ella le proveyó. Los paisajes que aparecen entre sus rastas no podrían estar ahí si ella primero no se los hubiera mencionado al dibujante. Es un dibujo que además lo muestra caminando, la mochila verde a la espalda y el río a sus pies. Ese dibujo acompañó al primer poema.
El segundo dibujo, el que acompañó al “Segundo poema”, lo hizo Tute. Es más simple y directo: una figura humana desnuda se separa de la tierra por un chorro de agua. En el tercer dibujo, hecho por el Grupo Sisma, que acompañó al tercer poema, la cara de Santiago, hecha a lápiz, emerge verde de un contorno de hojas verdes.
LA ROSA QUE FLORECE EN EL POEMA
Eliana dice que es malísima para los títulos. Dice que el primer poema se llama “Un poema para que aparezcas” porque es exactamente eso. Pero yo no sé si sabe el alcance de esto que dice. Y a la vez no sería verosímil que no lo supiera. El primer poema reclama una poesía que sirva “para gritar que aparezcas”. Pero hace algo más. No solamente grita. E incluso es efectivo y conmovedor precisamente ahí donde no grita. Ahí donde habla. Porque cuando habla hace aparecer de una forma singular al Brujo que está buscando, lo rescata de los discursos oficiales que buscan revivir la teoría de los dos demonios (o más bien avivarla como quien sopla la ceniza) y traman hipótesis sobre un comando mapuche-kurdo-iraní, sobre alianzas anarco-trosko-kirchneristas, sobre una supuesta célula terrorista mapuche con fines separatistas. Pero también lo rescata de toda una iconografía bienintencionada que asume que, si es artesano y mochilero y tiene rastas, entonces adora el mate, o le inventa unos músculos y una espalda que no tenía o una mirada que es menos la que ella recuerda que la de los que bajaron de Sierra Maestra en el 59.
Por eso tantos amigos y familiares van a decirle que supieron por el poema que ella lo conocía de verdad, que no era simplemente una persona escribiendo conmovida por la noticia. Santiago Maldonado aparece en los poemas de Eliana Cossy. No es probablemente el que buscaban, ese que ya nunca se podrá recuperar, pero sigue siendo uno que se perdió, uno que en esos meses vive en la esperanza de quienes lo buscan.
DOS QUE HABLABAN
Un día una estudiante de Antropología conoce a un chico en el Bolsón, coinciden en una misma casa. No tienen ideas políticas muy compatibles, él es anarquista y ella milita en una agrupación peronista. Discuten, pero se entienden. Comparten semanas de viaje. Ella se sorprende por lo intenso que es él. Nunca conoció a alguien que hable más que ella. Hay un tema de conversación que mágicamente los encuentra. Él sabe mucho sobre los mapuches, el tema le interesa muchísimo. Ella también sabe mucho, lo estudió en la carrera, como tantas cosas que nunca tiene con quién hablar. Esta vez encontró a alguien interesado en lo que ella sabe. Es un milagro.
POEMAS SIN TÍTULO
[…]
que flote la lluvia
que confunda los ríos
que atragante alcantarillas
que hunda todo / todo lo devore
y después
cuando el mundo esté limpio de ceniza / polvo / asesinos
y otras miserias geográficas
después
que vuelva él
y diga madre no te apenes / encontré refugio del agua y otras bestias
ni la lluvia ni ellos
me han tocado
(Poema de Gabriela Yocco)
[…]
No sos vos Santiago
todo esto parece personal pero no sos vos
solo apareciste vos en el camino
fue mala suerte viejo
la peor de todas
pero no es por vos
pudo ser cualquiera con tus convicciones
cualquiera con tu ideología
cualquiera con tu profesión
con tu estilo de vida
cualquiera todo el tiempo
cualquiera.
[…]
(Poema de Gaita Nihil)
Los poemas que más le gustan de todo lo mucho que se escribió al respecto son dos que no impostan relaciones o parentescos imaginarios con Santiago, como tantos otros hacen. Gabriela Yocco hace caer una lluvia purificadora sobre todo para que luego “él” aparezca intacto en ese mundo renovado. Gaita Nihil comenta lo que conversará con Santiago cuando aparezca. Eliana, en cambio, que sí lo conoció, apostó por “desnudar cierta intimidad”.
LA VIDA EN PARTES
Dice que para ella esto fue una de esas cosas que te parte en dos la vida. Que ahora tiene más en común con los amigos de Santiago que con sus compañeros de carrera o de militancia o con amistades de años. Que siente que con una amiga hoy son “dos desconocidas que se conocen bien”. Que con alguna gente ya no tiene tema de conversación, que no puede compartir las cosas que son importantes, quizás porque para ella cambiaron las cosas importantes. (Yo la conozco hace más de quince años por un taller literario en el que coincidimos. Escribo esto y me pregunto de qué lado, en qué parte habré quedado yo.)
SI NO VOLVÉS PERDÍ Y TENÍAS RAZÓN
Unos versos del primer poema, los que en el pueblo de Santiago la hicieron llorar, documentan las condiciones de su crisis política.
Dijeron de vos tanto de todo,
no hablaron de tu ternura.
Yo quiero tu voz para que no sea verdad, para poder seguir creyendo,
porque si no volvés,
si no volvés perdí y tenías razón,
si no volvés y yo vuelvo,
ya no voy a poder creer en nada.
Eliana dice que con lo que le pasó a Santiago ya no pudo creer en la democracia. Quiere creer, pero ya no cree. Después de un primer corrimiento que la separó de su agrupación porque no quiso entender las razones que llevaban a pactar con Felipe Solá, que para ella “es Maxi y Darío”, es la Masacre del Puente Avellaneda; la desaparición y muerte de su amigo la arrojaron en la desconfianza que el anarquismo siente por el Estado.
Gaita Nihil escribe en su poema:
Quiero hablar con él
y decirle que yo pienso como él
que el Estado no nos cuida
el Estado no nos ama.
[…] Algún día de estos…
cuando aparezca
quiero hablar con Santiago Maldonado
el anarquista.
LAS COSAS QUE ROMPIMOS A PATADAS
Eliana me cuenta que una de las cosas que tuvo en cuenta al corregir sus textos fue que no hubiera lugares comunes. Pero que no se preocupó mucho por la forma porque le parecía más urgente el mensaje. También decidió quitar algunas cosas que le parecieron muy personales, ya fuera porque mostraban de la relación que tuvieron más de lo que quería, ya porque mantenerlas significaba el riesgo de que quien las leyera prefiriera colocar una historia de amor en el lugar de una responsabilidad estatal. (Una nota del diario La Nación del 2 de septiembre menciona solo su dolor y omite todas las circunstancias relativas a la desaparición.) Son correcciones que priorizan el mensaje en su efectividad. Y quizás los versos que plantean el problema de forma más explícita sean estos:
Porque si la poesía no sirve para gritar que aparezcas,
a esa poesía la rompemos a patadas
y hacemos una nueva que te encuentre,
y construya puertos para tu abrazo tibio.
(“Un poema para que aparezcas”)
Para ella el arte tiene que ser anarquista. Si está en un lugar de comodidad está fallando. “Si estás preocupado más por vender libros o por salir en la tapa de diarios… El arte tiene que molestar”. Para ella, con la poesía, “es anarquismo o nada”. No es casual lo de romper la poesía a patadas.
LO PERSONAL ES POLÍTICO
Siento al hablar con Eliana que en el límite entre lo privado y lo público se juega la política y también la poesía. Por eso puede darse ese movimiento en el que le cuenta al presidente, para que no se desentienda de la cuestión, sobre esa mirada encontrada y esperada que ya no está, que falta:
[…] Escribo este poema porque en la primera cena discutimos de política, me enojé, me fui al cuarto, di una vuelta a la cama, después volví avergonzada de la escena, vos no dijiste nada. Escribo este poema para contarle al presidente que esa noche estábamos sentados a los pies de un fogón prestado, planeando nuestro primer recorrido, y sabía que cuando levantara la vista del mapa me iban a esperar tus ojos espejo. […] (“Tercer poema para que aparezcas”)
Después voy a leer una definición que se ocupa de los campos semánticos de lo privado y lo público, de «algo-que-es-de-alguien-y-que-no-es-de-todos» y «algo-que-no-es-de-nadie-y-es-de-todos». Pero también de lo secreto y lo no secreto, de lo oculto y lo exhibido: “Mientras que lo público es lo que se expone, se exhibe, se muestra y lo que aparece, lo privado es lo secreto, lo que se esconde, se oculta y se hace desaparecer”. Voy a leerlo y voy a saber que se trata de lo contrario, que esta vez lo público desaparece y lo privado es lo que hace aparecer.
En la última clase del año un grupo de estudiantes secundarios esperan que la profesora, que ya no va a estar a cargo del curso, los agregue al Instagram como prometió. Ella va a cumplir, pero no sin antes decirles cosas que no esperaban:
“Hay un par de compañeros que me agregaron al Instagram. Yo tengo una cuestión ahí. Ahora ya terminaron, no son más mis alumnos. Hace dos años las fuerzas de seguridad me mataron a un amigo. Hace dos años que de alguna manera la vida me cambió. Entonces todos sus amigos, y yo formo parte de ese colectivo, militamos la cuestión de pedir justicia por él. La mayor parte de nuestra vida está conformada por eso. El caso de mi amigo es muy conocido. Por eso yo en un momento no los quise aceptar. Mi amigo era Santiago Maldonado.
”Creo que todos conocen el caso. Santiago era mi amigo. Conocen la causa. Hace dos años que estamos en esto. Y a mí, si bien yo creo que todos somos políticos y tenemos nuestra posición, no me parecía que… Mis redes son solamente eso. No tengo fotos en tanga, no tengo fotos en bikini. No es mi caso. Pero como fue algo tan polémico se los quería contar. ¿Alguien tiene alguna pregunta? Pueden preguntar lo que quieran.
”Nunca lo comenté porque es algo que forma parte de mi intimidad. Por más que es algo muy público. Y si bien es parte de mi intimidad, todo fue tan público que nuestras intimidades quedaron al descubierto. No fue por ustedes que no se los conté. Realmente no fue por ustedes. No lo conté por lo que hay por fuera. Yo con ustedes tengo otra relación, siento que podemos hablar cualquier cosa, pero no sé si iba a poder aguantar los comentarios de otros docentes u otras personas que habitan la escuela. No sé si tenía ganas de escuchar esas cosas. Y también porque todo en las escuelas se sabe.”
LA TERNURA MILITANTE
[…]
veo tu foto y aparecés en un abrazo
en ese lago frío.
[…]
(“Segundo poema para que aparezcas”)
Cualquiera podría hablar sobre lo que se ve en la foto. Pero no cualquiera de lo que no se ve. Yo sé que no es exactamente la foto original. Falta algo. En la foto original la mano derecha de Eliana se estiraba a cámara con los dedos en ve. Si no aparece así junto al texto de La Garganta Poderosa es por decisión de ella, que prefirió dejarlo al margen de las acusaciones de “kirchnerista”, que además hubieran sido injustas. En ese texto, sin embargo, que los editores titularon “La ternura no desaparece”, ella no deja de reconocerlo como militante:
«Un militante es alguien que construye vínculos, que entiende que la única manera de cambiar algo es poniendo de sí. Un militante encuentra las causas que conocemos todos y no las esquiva. Hay militantes partidarios y no partidarios. Para mí, El Brujo es un militante de la ternura. Él ponía el cuerpo sin banderas ni partidos políticos. Hablando con todos, porque no había quien pudiera callarlo, pintando murales, escribiendo, improvisando hip hop.»
Mariano Bello Buenos Aires, EdM, marzo 2020
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