Borges en Filo, por Lucas Adur

A Carlos García.
A los borgeanos de Buenos Aires: J.L., M.C., S.H.

Se recordará que, en la edición de sus Obras completas de 1974, Borges incluye una nota final, una suerte de autobiografía apócrifa, irónica y futura, atribuida a una Enciclopedia Sudamericana de 2024. Allí se afirma que el personaje en cuestión “Dictó cátedras en las universidades de Buenos Aires, de Texas y de Harvard, sin otro título oficial que un vago bachillerato ginebrino que la crítica sigue pesquisando” (OC, 1143). 

Creo que allí fue la primera vez que escuché –leí– de este “vago bachillerato”, al que después reencontré en la Autobiografía y en las distintas biografías que fui consultando. No creo que sea una cuestión demasiado relevante –al menos para el tipo de aproximación a la literatura de Borges que me interesa–, pero siempre suscitó mi curiosidad. 

Hace poco, leí un texto del infalible Carlos García sobre la cuestión: “El bachillerato de Borges”. Como es usual, Carlos comienza por despejar los mitos y ofrecer la información más confiable posible. Luego de un relevo de datos –obtenidos fundamentalmente de la correspondencia del joven escritor–, lo que se puede pasar en limpio es lo siguiente:

No puede excluirse que Borges terminara el bachillerato en Ginebra, pero seguramente no en el Collège, sino, a lo sumo, en el innominado “Instituto” o en alguna otra institución, sea de Suiza o de Francia. 

Ello, de haber ocurrido efectivamente, solo pudo tener lugar recién en su segunda visita a Europa (1923-1924), ya que la carta 34 a Sureda da a entender que en mayo de 1922 (cuando aún se encontraba en Buenos Aires antes del segundo periplo europeo) todavía no poseía el título.

El propósito de esta notita es agregar una información, que –sospecho– García no tenía disponible. No sé si contribuye a esclarecer algo o, como quien dice, más que aclarar, oscurece. En cualquier caso se trata, como quería Borges, de “seguir pesquisando”.

En 1999, la revista Espacios de crítica y producción, de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) publica un número dedicado a conmemorar el centenario del nacimiento de Borges. Además de múltiples ensayos –de desigual interés– firmados en su mayoría por profesores de la casa, se incluye una sección documental con el título “Piezas de un archivo”. Allí se reproducen dos notas que el joven B. había presentado en 1923 para solicitar el ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras. Están dirigidos al decano de ese momento, Ricardo Rojas –de cuya historia de la literatura argentina Borges haría befa memorablemente en algún que otro ensayo-.

En la primera de las notas, el joven B. presenta una suerte de currículum abreviado, en el que “hace presente al señor Decano”: 

Que ha sido educado en Europa, habiendo cursado los estudios que corresponden a la Enseñanza Secundaria en nuestro país, en el Colegio de Ginebra, estudios que comprenden todas las asignaturas exigidas por los programas del Colegio Nacional –salvo Historia Argentina, Geografía y Literatura. Como lo comprueban el certificado y los programas adjuntos. 

Que en virtud de lo expuesto, se sirva el señor Decano indicarle las asignaturas en que deberá examinarse para ingresar en esta Facultad. 

A mayor abundamiento, hace presente que el solicitante ha cursado cuatro años de latín y obtuvo el año pasado una certificación, adjunto también, de la Universidad de Cambridge que le autoriza para la enseñanza del inglés.

La segunda nota es presentada por el propio B. como una ampliación de la primera:

Ampliando la solicitud por él entregada, Jorge Luis Borges desea someter a la atención del señor Decano los adjuntos ensayos estéticos y metafísicos [en la nota no se especifica cuáles], para ejemplificar su actividad literaria y en ilustración de las propensiones que hoy le mueven a querer ingresar en esa Facultad. Quiere manifestar también que es colaborador asiduo de la revista Cosmópolis (Madrid), que en el número de Cervantes correspondiente a octubre de 1920 publicó una dilatada antología crítica de la reciente lírica alemana, vertida directamente del idioma original, y que en el venidero número de Nosotros habrá un estudio suyo acerca de las objeciones que propuso Spencer al idealismo de Berkeley.

La solicitud presentada es de 1923 y aunque las notas no tienen fecha exacta, los plazos administrativos de la facultad y la referencia al artículo de Nosotros [“La encrucijada de Berkeley”, Nosotros 166, marzo de 1923] permiten situarlas en febrero-marzo de ese año. En cualquier caso, son anteriores al 6 de abril, dado que de esa fecha es un recibo, firmado por el escritor, donde se lee:

Recibí de la Fac. de F Y Letras mi cert. Del Colegio de Ginebra y el de la University of Cambridge, que fuera presentado en esta institución .

Seguramente –como se consigna en el citado número de Espacios la decisión de la familia de regresar a Europa haya determinado la decisión del joven B. de desistir de su propósito. Con respecto al bachillerato ginebrino, la descripción que se realiza en la nota, donde se lo denomina “certificado” y no título y la necesidad de respaldarlo con la producción crítica publicada, parece demostrar que, al menos para 1923, tal como afirma García, Borges no había logrado el título de bachiller. En caso de ocurrir, esto debió haber sido durante su segunda visita a Europa. 

Resulta un tanto sorprendente leer en estas notas a un joven preocupado por impresionar al Decano de la Facultad con sus publicaciones, sus estudios y conocimientos de idiomas. El contraste es especialmente notorio si consideramos la versión, muy probablemente apócrifa -aunque quizás valga la pena indagar el archivo–, que el propio Borges puso en circulación respecto al modo en que se efectivizó, finalmente, su ingreso en la Facultad, ya como docente y muchos años después, en 1956. 

Según consigna en su Autobiographical Essay (1970): 

Otros candidatos habían hecho llegar los informes sobre sus títulos, traducciones, estudios y trabajos realizados. Yo me limité a enviar la siguiente precisión: “Muy inconscientemente me estuve preparando para este cargo a través de toda mi vida”. Fui contratado y pasé diez o doce años muy felices en la Universidad.

Por supuesto, eran otros tiempos, en lo biográfico y en lo político. El joven B. ya era Borges, el gran Autor al que la autodenominada “Revolución Libertadora” había puesto al frente de la Biblioteca Nacional. 

En cualquier caso, esta versión de su curriculum, legendaria o no, abona también a la hipótesis de que nunca finalizó aquel bachillerato ginebrino. No hizo llegar informes sobre sus títulos quizás, entre otras cosas, porque no tenía títulos para exhibir. 

Ni los necesitaba. Como apunta Carlos García al final de su nota “ningún título le hizo falta para convertirse en Borges”. Ningún título, podemos agregar, aunque sí un largo camino. El joven B, como se desprende de las notas que citamos, parecía bastante interesado en acceder a la Universidad. No sabemos cómo hubiera sido su decurso si esto efectivamente hubiera sucedido. Por las dudas, mejor así.

Lucas Adur
Buenos Aires, EdM, marzo 2020