En esta ocasión, la poeta Lucía de Leone comparte con los lectores de EdM una selección personal de poemas de su más reciente libro publicado por la editorial Caleta Olivia e ilustrado por Débora Dejtiar.
I
Cada mañana
antes de llegar al colegio
el auto disminuía el paso
y a coro gritábamos
mis hermanos y yo
Milicos, hijos de puta.
En el momento exacto
en que mi padre
bajaba la ventanilla
y señalaba esa puerta.
Se olía la democracia
y todo se dividía en
radicales y peronistas.
De marcha en marcha
me llevaban
y yo solo quería
dibujarme las piernas
con la tinta pintacarteles.
Qué bronca me daba la señora
que hacía sin fuerza la V.
Tempranísimo
al lado de las camas
como un militar más
mi papá nos ordenaba en fila
y vuelta a gritar.
Una vez lo citaron
cuando mis compañeras
decían que yo inventaba
que el río del campo
de deportes
traía los cuerpos
que tiraban los aviones.
¿Qué hacíamos cargando
tanta tragedia nacional
si la tragedia familiar
se nos venía encima?
Acusada de cuentera
yo lora repetidora
que le creía a su padre.
Pero que en unos días nomás
veía desaparecer a su madre
en la otra forma.
Qué más le iba a importar.
II
Mediodía de domingo
en el living
improvisaron una mesa para
comer todos juntos las pastas.
Pusieron la tele.
Qué susto me daba
la música esa
que anunciaba
lo que decían
que pasaba en las islas.
En blanco negro
fue que vimos la noticia
del hundimiento del Belgrano.
Ni mamá corrió el plato
y con su llanto
se desgarró la garganta.
Dejamos de comer todos juntos.
Faltaba poco para que a casa
llegara la televisión a color.
Fue el regalo de las primas
con plata porque
mi papá, le médico
le había salvado la vida a una
o algo así.
III
Creo que me enteré del mundial
el día que en el colegio supe
que Argentina le había ganado a Corea.
Había alegría en las calles
y la gente quería gritar.
Antes de México yo
ni idea.
Bueno
era muy chica
y venía de enterrar a una madre.
Qué contenta estaba
esa tarde que mi amiga
la foca
(y foca yo para ella)
me dijo venite a casa después del partido.
Me llevó mi papá e medio del festejo
por la mano de Dios.
Pero la mano que más me hizo ilusión
fue la de mi papá
en frma de puño que sube
altísimo
celebrando lo que después
entendí mejor.
IV
Esos libros
que me regalaste
se alinean
entre los preferidos
de mi biblioteca.
¡Una locura cómo arman su propio lenguaje!
Annie mira a Matisse para chicos
Mujercitas empuja el lomo de Tom
Alicia al ladito del ¿Qué me está pasando?
y la historia de José María Rosa
metida toda
en el estante grande.
Eso es mi infancia
apurada por terminar.
Si abro la página
la de mi diario
leo por ahí que anoté
Juan gusta de mí.
Pero también escribí
quiero que vuelvas.
No te podés acordar
justo ahí te decía
por qué no nos vamos
a ver nunca más.
VI
a Gabriela
Todas las forms de las nubes
dejaron de parecerse a lago más.
El viento se levanta en la playa.
Ahora es desierto
ya mismo la tundra.
El día se acaba al pulso
de dos piernas enterradas
en una cama sin hospital.
Parecen rocas las de ahí
sin escolleras
ni muelles donde hacer pie.
Algunas me hacen burla
desde atrás.
Otras son puro monstruo.
Pero es La Bestia
la que está por acá.
Esconde los restos
olfatea
se traga la sangre.
No es una tarde cualquiera
no es solo un sitio con mar.
Yo que me debatía
Victoria Sara
Salvadora Alfonsina
que descentré las pampas
y lloré a la Néfer
quise ser la China
a veces Beya
las que se hacen fuego si quieren
supe en un momento
que nunca es puro desperdicio
ser la mora
y además la boca hambrienta
que mordía la mora.
VI
¿Cuándo fue que otra cama se hizo tu cama?
¿Cómo es que ya no me hablás más?
¿En qué momento tu cuerpo se hizo un ovillo?
¿De qué está hecha tu tierra?
Mientras tanto
el viento se enfurece con mi pelo.
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