En la introducción a su Origen de la Tragedia, llamada “Autocrítica”, Friederich Nietzsche se pregunta: “¿Acaso es el cientificismo nada más que un miedo al pesimismo y una escapatoria frente a él? ¿Una defensa sutil obligada contra la verdad?”
Sin embargo, estamos ante una propuesta que se responde negativamente a esta pregunta. Silvina Dulitzky se atreve sin miedo a esta verdad. Una verdad dolorosa, generadora de silencios, de hiatos en el discurso, de ausencia de palabra. Una verdad sobre la muerte.
Sigue Nietzsche diciendo que para los griegos clásicos, que lograron abordar el horror y el espanto escondidos en la carcajada, “lo peor de todo es para ellos el morir pronto, y lo peor en segundo lugar el llegar a morir alguna vez”.
Vivir con finitud. Sufrimiento existencial y cuidados paliativos (Buenos Aires, Letra Viva, 2023) nos introduce en el mundo donde aquello que pudiera ser lo peor es en realidad aquello que no logramos atisbar con entereza. Y nos invita a recorrer los senderos de encontrar esa entereza para que en la constitución de “un nuevo orden simbólico”, encontremos la palabra a inscribir, allí donde sólo habita un espacio inerte, pero no inerme. La palabra por hallar, por el contrario aboliría el poder de las armas que atormentan.
Sin embargo, Dulitzky va más allá, abordando un concepto altamente subversivo a la cultura. En un enmarañado constructo basado en la economía de la acumulación (monetaria, emocional, libidinal), en un dispositivo vital que opone al ser la nada, que sostiene la existencia subjetiva como un rodeo permanente ante la falta, la autora se anima con lo excedente, con la sobranza. Una sobranza no eyectiva. Una sobranza simétrica, entre un deseo que se sostiene en un tiempo que se anuncia escaso, o un tiempo que resulta infinito en virtud de un deseo que falta. Joaquín Sabina, en uno de sus cien sonetos define: “Escribo solo por matar las tardes, por no ponerme a deshacer maletas…”, frase que actuaría como signo ecuador de la simetría.
Y ese es su gran hallazgo. Una conceptualización novedosa e inquietante: el sufrimiento existencial.
Particularmente, acompañé a Dulistky en el proceso de construcción del concepto. Escuché su propio dolor al afrontar las distintas vertientes de su producción. Compartí sus lágrimas de emoción ante los hallazgos. Sé por ello, que Vivir con finitud es una obra visceral, esclarecedora, en síntesis: conmovedora.
Un verdadero ensayo es la obra en que la razón logra emocionarse. Estamos ante un libro sin máscaras ni tapujos que no pierde en ningún momento el rigor científico.
En el marco de su saber, Dulitzky entrelaza su profusa experiencia clínica en el ámbito de los Cuidados Paliativos, su exquisita escucha en el ámbito psicoanalítico y su inteligencia a la hora de relacionar hechos con ideas, ideas conocidas entre sí, ideas novedosas.
Por eso, es capaz de ofrecernos una producción que cala en las entrañas y nos invita a pensar con el sentir a flor de piel, en nosotros, en nuestro propio dolor, en nuestros propios excedentes.
César Holot
Buenos Aires, EdM, junio 2023
Descubre más desde Escritores del Mundo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
