Autora de los libros de poesía Las malas elecciones (Pánico el pánico, 2014) y La falla en el fuego (Añosluz, 2018), Florencia Defelippe es coordinadora del ciclo «El bosque sutil» desde el año 2017 y trabaja como editora en la revista de literatura argentina El Ansia, dirigida por José María Brindisi. En 2021, fue becada para participar de la Residencia de Artes Visuales y Escritura Can Serrat, en El Bruc, Barcelona, y en 2023 participó de la antología Poetas Argentinas (1981-2000) de Ediciones del Dock con selección y prólogo de Elena Anníbali. En esta oportunidad, Escritores del Mundo acerca a sus lectores un fragmento de su nuevo libro Nadie vive en esta casa, de la editorial Tanta ceniza.
Es invierno, nadie vive en esta casa
los años hicieron su trabajo y todo huele
a madera mojada, a fuego roto y a humedad.
El viento trae la voz de las mujeres
que habitaron este bosque
y es tanta la nieve
cae sobre los cuerpos
quedan manchas negras
que los copos cubren
sin pausa.
Nadie va a encontrarnos
bajo estas capas
de hielo espeso.
Pero nosotras
somos semillas
enterradas bajo la tierra
esperando florecer.
Una mujer ciega recuerda
hubo un hombre alguna vez
pero el tiempo y el hombre pasaron
o fue ella quien pasó con la fuerza
de quien no puede detenerse y arrasa con las cosas
que habían sido parte de su vida.
Ahora ella es
una adolescente que sube al barco y se deja
arreglar el manto negro
entregada a otras manos y al mar
Mediterrani
Mediterrani
la voz de su madre
un gajo arrancado de fruta
sus dedos apoyados apenas
sobre la baranda de hierro y el frío para siempre ahí.
El hombre que la tuvo
la quiso, o tal vez no
en aquella casa
demasiado triste
demasiado lejos de la playa
cerca del tren
de las vías
de una ciudad
que ya no existe.
Murió en el mar la que
dicen
fue
la abuela de mi abuela.
Lejos de su tierra
su cuerpo se hizo agua
a veces las olas
me traen sus palabras.
Crece una voz
y es como esos buques
hundidos para siempre
extraños, fosilizados
criaturas míticas esperando diluirse
entre el yodo y los cardúmenes.
Así esa mujer me habla
desde el fondo del océano
en el silencio de esta casa
habitada y dócil, un gato doméstico
incapaz de olvidar su corazón salvaje
el brillo, la cacería, los ojos fijos
en un punto invisible.
Si tuviera una hija
intentaría hablarle
lo menos posible
del futuro. Evitaría
promesas.
A pesar de todo
iría a ese encuentro
con asombro y pavor
en cantidades iguales
tal vez, si ella crece lo suficiente
podrá entender o dejarse llevar
por la vida tranquila
incluso traicionarse.
Pero ahora la imagino:
se acerca al plumerillo
no deja de moverse se colma del mundo.
Si me preguntaran por mi primer recuerdo
diría que en la escena la casa está al fondo.
Se ve borrosa, como de agua. Estoy sola
en puntas de pie, sobre el pasto
quiero llegar al helecho que cede apenas
y abre sus hojas. Bajo toda esa maleza, los veo
tres pichones monstruosos
de ojos grises y fauces abiertas
piden ser alimentados con desesperación.
Quise darles agua, alguna sobra, calmar el hambre.
Pero comprendí a tiempo que debían esperar
escondidos, esperar a la madre
seguir aullando en la oscuridad.
Florencia Defelippe
Buenos Aires, EdM, junio 2023
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