Vivir con finitud. Sufrimiento existencial y cuidados paliativos, es un libro que ha sido concebido como una obra de consulta sobre sufrimiento existencial y cuidados paliativos desde un enfoque psicoanalítico. Se destina a los profesionales del campo de la salud, propiciando, a su vez, fortalecer la intersección de saberes interdisciplinarios. En sus páginas, retoma los desarrollos de la tesis doctoral titulada Conceptualización del sufrimiento existencial en la praxis de Cuidados Paliativos, presentada y aprobada en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. En esa tesis, aportamos la definición del sufrimiento que surge del encuentro particular del humano gravemente enfermo con la percepción certera de su muerte. Denominamos a este padecimiento: “sufrimiento existencial”.
En los inicios de mi formación como paliativista, creía que el impacto más grande era ver morir a alguien, peor aún verlo muerto. Sin embargo, con el correr del tiempo esa emoción abrió paso a otra mucho más potente: ver sufrir a alguien mientras vivía el final, verlo sufrir mientras moría. De ahí mi preocupación por entender en qué consistía este sufrimiento asociado a la percepción de muerte. Llegue casi a obsesionarme con la conciencia de finitud. Siempre la del otro, no la propia. De algún modo me era posible la práctica clínica de los Cuidados Paliativos porque una y otra vez volvía a hacer consistir la ilusión de que la muerte era la muerte del otro y entonces yo quedaba al resguardo de pensar la mía propia. No pude sostenerlo por mucho tiempo y ahí la escritura armó una distancia, pero sobre todo una posición ética.
En una entrevista Liliana Heker le pregunta a Borges “¿qué le sugiere la palabra muerte?”, a lo que el escritor responde:
¿la palabra muerte? Me sugiere una gran esperanza…la esperanza de dejar de ser. Yo estoy seguro, como mi padre, de morir de cuerpo y alma. A veces, me siento un poco desdichado…pero me consuelo pensando: si, es cuestión de esperar. Voy a morir y voy a cesar (…) Es decir yo descreo en la inmortalidad pero eso no es una fuente de tristeza para mí sino de felicidad: pensar que voy a cesar.
En esa misma entrevista habla de la muerte propia como aquella que contiene en su forma alguna continuidad entre lo que fue la vida de esa muerte. En este deseo que expresa para sí mismo, retoma la idea de Seneca cuando escribe morire sua muerte , morir su muerte. Borges piensa la muerte, la suya propia, con gran esperanza. Ubica a la muerte como parte de la vida y más aún como el momento más grato de esta. Hay fin en contraposición a la ilusión de la inmortalidad. De algún modo sabe sobre su muerte. Sabe que será el fin de una tristeza. Combina finitud con un acabamiento radical: esperanza de dejar de ser, morir y cesar.
El encuentro del hombre frente a la realidad incontrastable de su muerte no siempre se ve representado en la respuesta de Borges. Se trata, en la mayoría de los casos, de un evento traumático, plagado de decepción y desilusión. Si a un hombre aquejado de una enfermedad potencialmente amenazante para la vida que percibe el momento de su muerte, le formulásemos la pregunta que Heker le realiza a Borges, muy posiblemente la respuesta sea otra. Seguramente observaríamos en su respuesta la expresión de un sufrimiento particular asociado la percepción de una conciencia nueva espantosa, para muchos, de finitud.
De hecho Maria Kodama, su esposa, muere sabiendo que morirá por la enfermedad que padecía pero también muere con la férrea renuencia a hablar de la muerte, su muerte. Vivió los últimos 27 años cuidando con celo la obra de Jorge Luis Borges y murió el pasado 26 de marzo sin dejar testamento. ¿Por qué? ¿Por qué? Su abogado afirmó que a María no le gustaba hablar de sus enfermedades, su muerte era un tema que no quería abordar. Muere en silencio, y sin trascendencia de un sentido.
A lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha presentado diferentes actitudes frente a la evidencia de la muerte. Observamos que con frecuencia, el rechazo de la misma, pone de manifiesto la preservación de la ilusión narcisista de inmortalidad. Saberse muriente se transforma en una desilusión dolorosa, a veces, imposible de suturar.
El indio Solari, a propósito de su enfermedad, dijo que «sólo pensaba la muerte en términos poéticos, como un personaje más de este asombro transitorio que es la vida.” Pero en sus letras ya adelantaba una orientación cuando decía “vivir solo cuesta vida”. Tensión entre la contingencia y la finitud de la vida
En definitiva morir, tal vez, no duela pero saber sobre la muerte, posiblemente, sí. Morir es un problema de saber y verdad. La muerte es un problema de los vivos.
Vivir con finitud es un modo de pensar la vida, pero también es una perspectiva hacia el final. La vida y la muerte definen un recorrido subjetivo que marca la trayectoria de un sentido vital. Los cuidados paliativos les devuelven voz a los sujetos sufrientes y murientes con enfermedades amenazantes para la vida y enmarcan una posición ética para los profesionales del equipo de salud. Vivir con finitud y con cuidados paliativos es un derecho. Este libro acerca y potencia esta voz excluida y la vuelve vital
Desde el sufrimiento existencial del inicio hasta aquí ha ido tomando cada vez más relevancia el “ Vivir con finitud” en una clara alusión a la orientación de vivir con conciencia de finitud pero también al imperativo de vivir haciendo consistir un sentido en el borde entre la vida y la muerte. Estoy convencida de que solo es posible -como decía Seneca- morir de su propia muerte, si hay un sentido propio que la comande pero también viviendo la propia vida. Eso es la autodeterminación.
Silvina Dulitzky
Buenos Aires, EdM, junio 2023
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