GPT-3 y El suplente de Diego Lerman, por Pablo Luzuriaga

Le dicen «enunciado dummy». La estructura es correcta, podría significar pero no significa, se siente vacío, porque la semiosis es otra cosa. Así responde una colega lingüista sobre el sistema GPT-3 de OpenAI. Profesores de literatura, en los colegios del país, comienzan el año con dos virtuales suplentes: el de la película de Diego Lerman y la supuesta Inteligencia Artificial donde las nuevas generaciones, según algunos imaginan, irán a consultar las arcas digitales del saber. «Enunciado dummy» le dicen a las respuestas porque el algoritmo que produce la salida de discurso a partir de Big Data no tiene que ver con el proceso de cognición humana. La producción de enunciados y la semiosis son humanos no sólo por el trabajo con la información que entra, en mayor o menor cantidad, sino por el resto de las cosas humanas que nos definen además de información. Los conceptos no son simple información. Estos sistemas organizan estructuras frecuentes, no se involucran con la semiosis, por eso los sentimos vacíos, afirma la colega lingüista. Aunque GPT-3 no está vacío, porque selecciona desde una fuente enorme de información, parece vacío. No sólo por la respuesta neutra, en apariencia objetiva –»despersonalizada», sueña el cy-poeta–, sin perspectiva ni ideología, sino porque, aunque parece hacerlo, no reproduce la facultad humana del lenguaje.

            No sirve romantizar la discusión, llevarla a un plano nostálgico, de los buenos tiempos cuando la razón era libre de sus propios artefactos; sino definir su potencial interés para el aula, en las clases de Lengua y Literatura. ¿Qué es escribir? ¿Qué es leer? Cuando usamos GPT-3, la experiencia de contar en segundos con un soneto que sintetiza el argumento de una novela, aunque esté «vacío» por la combinatoria de estructuras frecuentes, no deja de inquietar. GPT-3 responde a todo con el mismo tono. Miente. Inventa, si lo presionamos hacia documentos de archivos a los que no accede, GPT-3 responde igual; con lo que tiene, como si la cantidad de información fuera el límite de lo decible, y lo pensable; y no la muerte, el sueño o el inconsciente. GPT-3 no piensa, como muchos –no sin razón– se inquietan. Porque el pensamiento está asociado a la facultad del lenguaje. Pensamos cantidad de cosas sin querer pensarlas. Para Chomsky, la facultad del lenguaje es un fenómeno biológico.  

            Cualquier profesor o profesora de lengua y literatura puede incluir el sistema en el aula, con sumo provecho. El «enunciado dummy» de estos sistemas –que no coinciden necesariamente con los avances en materia de Inteligencia Artificial–, es el enunciado «tonto», vacío –ya vaciado en apócrifos moldes sin acople. La semiosis implica más procesos que la administración de información con algoritmos.     

            ¿La Inteligencia Artificial podría escribir una historia política y social de las lecturas de un libro? ¿Qué efecto provoca sobre las tradiciones como intérprete del pasado?

            El mito que transforma estos sistemas en Inteligencia Artificial confirma los mitos de la verdad neutra y de la inteligencia como acumulación de datos: el mito de la escuela como espacio del saber científico, objetivo; enciclopédico. Pero el proceso cognitivo mediante el cual un estudiante comprende un saber en la escuela no se restringe a la elaboración del resumen, la síntesis y los cuadros de doble entrada, la acumulación estadística; sino que comporta otra instancia que es la red de conceptos. El profesor, más allá de las estadísticas de una lectura, jerarquiza unos problemas sobre otros, según criterios que lo definen como intérprete, como lector falible. Las bibliotecas nunca son las mismas con precisión estadística.

            GPT-3 carece de la inteligencia perspectivista del lector. Por eso, el otro suplente, el de la película de Diego Lerman interpretado por Juan Minujin, es la contracara del primero. Lucio, docente de Letras en la UBA, reemplaza al profesor Jarkowski en el dictado de unas horas de literatura en un secundario del conurbano bonaerense. La película empieza con la presentación de un libro de poesía. Habla Martín Kohan que se interpreta a sí mismo, le da la palabra a Lucio. En los veinte primeros segundos desde que empieza a hablar Kohan, se incluyen las palabras: «leyó», «leyeron», «lectura», «leer», «leo».

            Leer es lo que no hace GPT-3. Lucio lee un mundo del cual se hace responsable. Falla, cambia su perspectiva. Insiste. Según varias reseñas, la película transforma un drama social en policial, pero eso aunque en efecto entretiene, sin embargo, interesa muy poco. El cruce significativo sucede entre el drama social y el acto de la lectura, desde la perspectiva del docente.

«Leer y escribir» son los verbos que marcan la primera escena y la dirección del sentido.     

En un libro clásico sobre Inteligencia Artificial del año 1978, el físico y matemático Douglas Hofstadter propone los conceptos de «bucle» extraño, ambigüedad, paradoja y recursividad para especular sobre las posibilidades teóricas de la Inteligencia Artificial. En junio de 2022 Hofstadter, profesor de ciencias cognitivas en la Universidad de Indiana, Estados Unidos, se manifiesta contra el supuesto de que GPT-3 haya cobrado conciencia. Hofstadter cree que en algún momento el avance de la Inteligencia Artificial puede llegar a ese estadío; pero que todavía falta porque GPT-3 no puede producir lo que él predijo en 1978: el «bucle extraño».

            La instancia de «toma de conciencia» por parte de la máquina, imaginada por la ciencia ficción – sólo en el cine de Metrópolis, a Skynet y Matrix; en la literatura ¿qué sueñan los androides?– y fantaseada por el inconsciente periodístico con cada noticia de un avance en Inteligencia Artificial; en Hofstadter, se define por la realización de un «bucle» que observa en Gödel, Escher, Bach y que define en relación a la conciencia de sí, en Yo soy un bucle extraño de 2007. La cinta de Moebius es una de las analogías con las que explica el concepto de «bucle extraño». Cuando el sistema «aprenda» a darse sus propias reglas, el límite en la jerarquía del humano (a.) que introduce reglas en el sistema (b.) se va romper. El lado a. y el lado b. que separa al pensamiento como facultad humana respecto del cálculo artificial del artefacto, según Hofstadter puede romperse, por analogía con lo que llama «bucle extraño».

            Como el propio Hofstadter reconoce, se trata de una profecía científica.

            La facultad del lenguaje y la facultad del pensamiento no tienen que ver con lo que hace GPT-3, aunque nos sorprenda la velocidad con que el sistema produce una respuesta, porque permanece en un mismo nivel respecto de sus reglas.

              ¿Podríamos decir que lo escribe? Sólo si la facultad humana de escribir coincide con la facultad de producir textos escritos. La programación se escribe y produce «mundo ficcional». ¿El acto de escribir está asociado al pensamiento? GPT-3 no piensa el significado de las palabras, se ocupa de su recurrencia estadística. No está claro qué es pensar cuando la máquina «aprende». El carácter perspectivista del pensamiento humano nos sitúa como pensantes biológicos en el planeta tierra.

            No obstante, la perspectiva romántica que enfrenta a la máquina en favor de lo humano puede ser interpelada desde una perspectiva como la de Hofstadter: a fin de cuentas, hasta que nos sometan los extraterrestres, toda producción artificial es un producto humano.

            Sobre la base de este problema podría leerse «Las ruinas circulares».

            Son todos dispositivos, que hace tiempo nos dirigen a la extinción en favor del Capital, y otros males menores a ese, sin conciencia, culpa y demás emociones que romantizan la discusión.

            El suplente, sin dudas, romantiza la discusión social. El profesor de Letras es el héroe de una historieta de narcos y redención. Los planos parecen tomados de páginas de historieta. La escena en el departamento de la profesora de geografía recuerda viñetas de Alberto Breccia y Frank Miller, el tono conecta a la historieta con la serie de televisión. Como drama social pone el ojo en las historias de «Los peores», dice Grabois. Pero, entre El marginal y El suplente hay un abismo. Lucio provoca un efecto de extrañamiento: el estereotipo del pobre se desautomatiza en figuras que son las que comparten el aula, las vidas que conoce el profesor. El aula es el espacio donde la puesta en común de perspectivas singulares, no estereotipos, destruye la indolencia. Vemos el conurbano con los ojos de un tipo entrenado para leer.

            ¿Qué podría hacer Lucio con GPT-3 en el aula?

            ¿Qué van a hacer los profesores de otras materias cuando sus estudiantes les entreguen trabajos producidos por el sistema de la empresa OpenAI de Elon Musk? Las tareas en la escuela siguen siendo pensar, leer y escribir.

Pablo Luzuriaga

Buenos Aires, EdM, febrero de 2023


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