Fernando Bogado y Sebastián Cantero nos dan Las Guerras Metódicas, una novela gráfica que nos sitúa en un mundo sin tiempo, en donde un esclavo de la Orden que domina la Citadel, Johnny No-Face, decide organizar una rebelión. ¿Cuáles son los reclamos que movilizan al héroe? En la Citadel, los libros no existen, y todos los textos están tatuando las superficies de las muchas murallas de la Orden. Pero, ¿qué pasaría si esa escritura se expandiera más allá de las paredes, desorganizada, tatuada ahora en la muchedumbre revolucionaria? Johnny, secuestrado de su tiempo original (los Estados Unidos de mitad del siglo XX), deberá ahora enfrentarse a los desafíos y posibilidades de organizar una revolución. Seba Cantero (Buenos Aires, 1977) es ilustrador, animador y dibujante de historietas. Participó en la hechura y producción de cortos como Un oscuro día de injusticia y en el largometraje Imaginadores, la aventura de la historieta argentina, y también, colaboró en la revista de historietas Catzole. Actualmente trabaja con Estudio Mutante y realiza storyboards para publicidad. Fernando Bogado (Buenos Aires, 1984) escribió los libros de poesía Jazmín paraguayo. Poesía reunida 2014-2006 y El desempleo, y las novelas Tierra ganada al río y Lebensraum. Colabora regularmente en medios gráficos como Página 12 y la edición argentina de Le Monde Diplomatique. Tiene un dúo de bajo y poesía con Gabo Cuman llamado BogadoCuman, con el cual editaron dos discos. Es docente en el CNBA y la UBA.
Entre guerra y guerra, la lectura
Muchas ideas están sueltas, de manera más o menos evidente, en las páginas de Las Guerras Metódicas. En principio, todo surgió por el embelesamiento de la lectura de la obra de Derrida en mis primeros años en la Facultad, lo cual resulta evidente por esta tensión entre los modos, los métodos, mejor, de escritura contrapuestos. Pero eso se mezcló rápidamente con otros componentes: la idea de una Citadel en un mundo en donde no hay traslación ni rotación, por ende, no hay tiempo, todo está «quieto» en el mismo «lugar» del día; el hecho de que el protagonista fuera un mafioso secuestrado de su momento histórico para ser llevado a la Citadel; el pasado del personaje en una Mississippi vinculada con la música y, claro está, las «reflexiones musicales» de las dos piezas en la historieta, «El Blues de la Velocidad» y «El Blues de la Variabilidad», o sea, un modelo de búsquedas artísticas imposibles, realizadas en un género popular, pero que en su misma imposibilidad dibujarán la sombra, el margen de una obra perfecta en su no-realización. Todos estos elementos provienen de mucha lectura de historieta, de mucha lectura en general, y es también una historia de aventuras y ciencia ficción que parte de esos elementos, pero no se queda allí. De ahí que Las Guerras Metódicas sea una historia que puede leerse con o sin rastrear estas pequeñas referencias que adensan la historia sin afectar la ligereza de un cómic.
Los dibujos de Sebastián Cantero son precisos, documentados: partidario de una línea clara, vale la pena destacar que colocó ciertos detalles que yo ni hubiera esperado en el resultado final. Sebastián es un historietista de larga data, lo leía cuando formaba parte de la revista Catzole, allá, por finales de los 90, cuando empecé a acercarme a la historieta más local y underground y a no quedarme con el cómic del mes en el puesto de revistas (que igual compraba y sigo guardando, obvio). Todavía recuerdo lo deslumbrado que estaba por esos dibujos. Me ha vuelto a pasar viendo el trabajo de Sebastián en cada unas de estas páginas.
De mi parte: leo muchas historietas todos los meses, es un género que me alimentó desde la primera inquietud lectora (para decirlo rápido, empecé a leer a Borges a eso de los 15, 16 años por las referencias que Neil Gaiman iba depositando en The Sandman: ¡Destino de Los Eternos caminando por un «jardín de senderos que se bifurcan»!). Pero eso no significa que, para pensar la historieta, haya que apoyarse en una lectura desde la literatura. Creo que el género es más y menos que la literatura: no es tan fácil compararlos o trasladar una idea de un campo al otro, son específicos en sus conformaciones. Hay cómics de X-Men o de Spider-Man que tengo más presentes, que me parecen más densos, que me resultan más memorables que alguna novela leída en el marco de mi formación o una novedad que acaba de aparecer en alguna batea.
Creo, también, que lo que define a la historieta (como a todo género popular) es la necesidad de siempre estar leyendo alguna: por mi parte, mientras escribo esto, estoy terminando Bone y esperando que me llegue, en algún momento, sorpresivamente, un largo tomo que conseguí de la Legión de Súper-Héroes de Levitz y Giffen. Así las cosas.
¿Qué hay en estas tres páginas? Justo el momento en donde el protagonista, Johnny No-Face, recuerda sus años con el músico Blindfaith, quien tenía por delante la obra que lo atormentaba, «El Blues de la Velocidad». Mientras, descubre la lectura en libros: en el ¿lugar? al que arribará de grande, la escritura no estará en los libros, justamente, sino en las paredes de una Citadel en donde siempre es el crepúsculo. Liderará una rebelión en contra de quienes mandan en la Citadel, pero… ¿triunfará? ¡A por la lectura para resolver el misterio!
Fernando Bogado
Buenos Aires, EdM, agosto de 2022



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