Adelanto: La felicidad de los animales de Sonia Scarabelli

Cinco poemas del volumen que acaba de publicar el sello Bajo la Luna elegidos por Yaki Setton. Sonia Scarabelli (Rosario, 1968) ha publicado, entre otros libros, La memoria del árbol (2000), Celebración de lo invisible (2003; Primer Premio del Concurso Municipal de Poesía Felipe Aldana, Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras (2008), El arte de silbar (2014), y La felicidad de los animales (2021).

CELEBRACIÓN DE LO INVISIBLE

I
En el tejido precioso de la tarde, 
liso cielo esmaltado,
cantan los pájaros.

Puntos sonoros
discurren otro espacio
en que el tiempo 
se amplía hacia sus fines.

Todo es transcurso, ahora, 
de canto abigarrado, 
celeridad de música
que sujeta las horas.

Un vuelo de campanas 
cela el frágil imperio: 
sólo de oír
es plena esta sustancia.

Queda el alma suspensa
como en lo más propio 
de su reino…

Pronto vendrá la noche.

a

FLORES QUE PREFIEREN ABRIRSE SOBRE AGUAS OSCURAS

¿Será cierto
que hay flores que prefieren
abrirse sobre aguas oscuras, 
serán ciertos
los fugitivos actos de memoria
que descubren, 
apenas entrevisto,
el amoroso borde 
de una forma completa?

Cuando del denso espejo,
de la superficie azogada 
que prospera
en toda vida,
emerge un ciego
resplandor de plata

¿qué pez será 
moviéndose en lo hondo
el que así vuelve?

¿Qué nota breve 
ofrecida por relámpago,
sesgo 
de otra inaudible
pero más vasta música?

¿Rémora en leviatán
o apenas dócil
cardumen ondulando
en danza
bajo el sueño?

¿Hacia qué móvil mar,
hacia qué mayor
misterio quieren ir
de ese modo tan frágil,
si es cierto

que hay flores que prefieren
abrirse sobre aguas oscuras?

a

LOS VIAJEROS

En la profundidad del sueño
él me sale al encuentro siempre vivo, 
y andamos por paisajes
que son y que no son la casa, 
la tierra conocida.

Como a los buscadores de un misterio 
que se entienden perfecto con la noche, 
la oscuridad tampoco nos da miedo
y tomamos las cosas como vienen.

Esta vez me lo encuentro sonriente 
y listo para un viaje, y me pregunto 
si no será esa, al fin,
la forma verdadera de la muerte:

un viaje interminable y cada tanto, 
el regreso muy breve, sigiloso,
a la casa del sueño, la memoria.

a

NI PARA CONTAR CINCO

Son tan poquitas al final las cosas 
de las que me gusta escribir,
el número no cierra ni para contar cinco: 
la familia, los pájaros, las plantas,
algunos bichos más, y casi que ahí se queda 
la preferencia en una lista corta
—como la vida, dirán los que más saben—. 
El árbol que tuvimos y perdimos,
la gata que me mira,
los pájaros cruzando el cielo
—o también si cantan, 
o nada más si se quedan
quietos, posados—. Pero eso
es casi siempre todo: los asuntos 
de una especie pequeña,
como si los poemas mismos fueran
unas cositas vivas nombradas al tun tun. 
Y papá, mamá, vos, toda la parentela,
y el largo viaje, ¿no?, la herida
también, del tiempo,
de la infancia hasta acá.

a

LA FELICIDAD DE LOS ANIMALES

Es algo que está ahí,
entre las piedras,
las imanta y las empuja hacia el volcán,
que las convierte en lava 
y echa después cenizas.
La gruesa capa se deposita, llueve
y tres monitos pasan caminando
allá en lo más 
profundo de los tiempos,
solos en esa soledad tan nueva
de andar erguidos y buscar quién sabe
qué cosa que te lleva
a cruzar una llanura como esa,
a pasar por la sombra de un volcán.

De La felicidad de los animales de Sonia Scarabelli (Poesía reunida 2000-2021), Buenos Aires, Bajo La Luna, noviembre 2021


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