Adelanto: Sensualidad y erotismo en Caravaggio: «Tañedor de Laúd», por Juan José Burzi

Juan José Burzi es autor de Un dios demasiado pequeño (Edulp, 2009), Sueños del hombre elefante (Gárgola, 2012), Los deseantes (Zona Borde, 2015) y Shibari (Evaristo, 2018). En 2019 publica su primer libro sobre la obra del pintor italiano, La mirada en las sombras. En torno a Caravaggio (17 grises) y ahora Escritores del Mundo, comparte con sus lectores un adelanto de su próximo libro Sensualidad y Erotismo en Caravaggio, un conjunto de veinticinco ensayos realizado con la beca del Fondo Nacional de las Artes.

El escritor y crítico de arte Giovanni Bellori describió la obra Tañedor de laúd como “una mujer vestida con una blusa tocando el laúd con la partitura delante de ella”. Siglos más tarde, otros críticos creían descubrir en la fisonomía del joven retratado los rasgos de Mario Minitti. Sin embargo, el modelo que posó para esta pintura fue Pedro Montoya, conocido castrato que estuvo viviendo en el Palacio Madama bajo el padrinazgo del Cardenal Del Monte. Montoya era parte del coro de la Capilla Sixtina. 

Existen dos versiones de esta pintura y en las dos el joven castrato luce igual de ambiguo. Puede tomarse por una mujer, tal como lo hizo Bellori, o como uno de los tantos jóvenes sexualmente ambiguos que pintaba Caravaggio. El hecho de que se tratara de un castrato da cuenta de la fidelidad y la capacidad de Caravaggio para captar los detalles más veraces de la realidad. Al ser sometidos de niños a la castración, los castrati no sólo conservaban su voz aguda, sino que crecían con rasgos femeninos (especialmente poco bello y una piel más suave) lo cual está magníficamente plasmado en la pintura. 

La lectura llana que equipara el aspecto andrógino de esta serie de jóvenes pintados por Caravaggio con una posible “acusación” de homosexualidad no es exacta, o al menos no lo es sino parcialmente. 

La androginia, entendida en clave erudita o intelectual, era considerada un ideal, un estado perfecto mítico. Representaba la integración de los contrarios. Estas eran ideas que se pueden rastrear hasta Platón y otros antiguos filósofos griegos. 

En las dos versiones del Tañedor de laúd (una en el Hermitage de San Petersburgo y la otra en el Museo Metropolitano de New York) se percibe una exaltación de los sentidos, una preocupación por que lo bello, lo delicado de ese momento, de ese joven castrato acompañándose con el laúd, pueda migrar del lienzo y de los pigmentos coloridos y alcanzar al espectador. 

La primera versión fue posiblemente pintada para el Cardenal Del Monte y este luego la regaló a los Giustiniani. En esta versión el joven está tocando el laúd, y en la mesa que tiene adelante hay apoyado un violín, una partitura abierta, otra cerrada, un conjunto de frutas y un delicado jarrón con agua y flores. Las flores, símbolo del amor, sumadas a las frutas con forma fálicas y a los madrigales de amor que está interpretando, no dejan dudas de que el Tañedor de laúd es una alegoría del amor y de una de las formas más elevadas de expresarlo: el arte, más precisamente, la música. 

Al contrario de lo ocurrido con el Concierto de jóvenes, en las dos versiones del Tañedor de laúd se pueden leer las partituras pintadas. La de esta primera versión corresponde al compositor renacentista Franco-Flamengo Jacques Arcadelt. Es un conjunto de cuatro madrigales de amor, y el que está interpretado en la pintura dice “¿Sabes que te amo, más aún, que te adoro? Pero lo que aún no sabes es que estoy también muriendo por ti.”

La segunda versión, para algunos menos lograda que la primera, presenta al tañedor en la misma pose, con el mismo aspecto andrógino e indefinido, pero sentado frente a una mesa más grande, con un tapizado rojo. En esa mesa no hay frutos ni flores, solamente elementos musicales: un violín, una flauta, un pequeño teclado y una partitura abierta sobre otra cerrada. Y en el costado izquierdo del cuadro, escondido entre las sombras, hay una jaula con un jilguero. El Cardenal Del Monte poseía una vasta colección de instrumentos, sin dudas que los pintados por Caravaggio en estos trabajos eran de ahí. 

La música que interpreta el tañedor en esta segunda versión es de Francesco de Layalle, Lasser il velo, y de Jacquet de Berchem, Por qué no daís vos. Estos compositores también pertenecen al Renacimiento y los madrigales también son de amor. 

Las dos pinturas aportan algunos acertijos: ¿Cómo leer el jilguero en la segunda versión? ¡A qué se refiere “Bassus” que está escrito sobre la partitura de la primera versión? 

El jilguero en la jaula no es un decorado inocente, puede simbolizar una pugna entre lo que sería la “música natural” (el ave) y la “música artificial” (el castrato y los instrumentos musicales). O también puede querer decir que el Arte debe imitar a la Naturaleza, idea que Caravaggio exploró a lo largo de toda su carrera: el trabajo siempre tomado del natural, el concepto de no pintar seres idealizados sino más bien humanos, demasiado humanos a veces. 

En la portada de una partitura cerrada (en la primera versión del Tañedor de laúd) se alcanza a leer “Bassus”. Por lo general se toma como una indicación de que el tañedor está ejecutando las partes bajas del madrigal. Pero en un latín correcto, debería leerse “basis”, o “sonus gravis”, o, en última instancia, “basso”. Por otro lado, los castrati solían serlo, justamente, para lograr agudos que de otra manera no alcanzarían. O sea, eran sopranos o mezzo sopranos. Entonces no se entiende el “Bassus” escrito en ese cuaderno. 

El poeta latino Marco Velerio Marcial, o simplemente “Marcial”, como se lo conoce, concibió un personaje llamado Bassus. Marcial era un clásico leído y conocido en cierta élite romana contemporánea a Caravaggio, como sucedía con Plinio el Viejo, Filóstrato y otros autores latinos. Entonces, el Cardenal Del Monte así como su entorno intelectual, reconocería inmediatamente el guiño que dejaba Caravaggio en su pintura: Bassus era un personaje homosexual, que se extenuaba teniendo sexo con jóvenes en vez de con su esposa, con la excusa de así evitar que ella caiga en la lujuria. 

¿Es esa referencia a la cultura clásica solamente una humorada intelectual o hay algo más, tal vez una dedicatoria amorosa? 

Los dos tañedores de laúd pueden leerse como una alegoría de la música y el amor. También sobre la forma que el hombre, estando bajo el dominio del amor, suaviza, “afemina” su carácter. Caravaggio no trató la temática del amor o del enamoramiento fuera de sus primeras obras, y en todas ellas la interpretación puede ser semejante: el amor nunca es viril en Caravaggio.

Juan José Burzi
Buenos Aires, EdM, abril 2020


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