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El difícil arte de caminar
Camina e intuye que esa y no otra es su posesión, su pertenencia: convertirse en el extranjero de sí mismo, poner tierra de por medio, liberarse de todas sus aflicciones y embriagarse en las tabernas con agua y no con vino. En su corazón guarda lo que solo el lujo de la pobreza le permite conservar: el aire de los caminos y el recuerdo de la sal de su sudor al caminar.
El Delta
No es la tierra sino el agua lo que nos sostiene.
Es el cauce y no la casa lo que nos ancla.
Camino del Tigre, el tren pasa por Olivos y,
en su estación, escucho la voz de Porchia en un susurro:
“No es preciso marchar lejos para encontrarse.
Para perderse, basta con ir al encuentro de uno mismo”.
El río guarda en su corazón el aliento de la maga querandí.
Encontrarse y perderse son una y la misma cosa.
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