Güemes y la guerra gaucha, por Alcides Rodríguez.

Este año se celebró el bicentenario de la figura del general Martín Miguel de Güemes, uno de los máximos héroes de la independencia sudamericana.

A principios de 1814 la revolución en América del Sur estaba en una situación crítica: el Ejército del Norte, bajo el mando del general Manuel Belgrano, había sido duramente derrotado en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma. El avance realista para aplastar la revolución parecía inminente. Las autoridades de Buenos Aires enviaron al general José de San Martín para que asumiera el mando. Era urgente conjurar el peligro. San Martín llegó a Tucumán, examinó la situación y estuvo de acuerdo en adoptar el plan defensivo que había preparado Belgrano. En ese momento conoció al comandante de milicias Martín Miguel de Güemes. San Martín necesitaba reconocer el terreno, y Güemes conocía la región como la palma de su mano. Viajaron hasta Salta y Jujuy, ambas ocupadas por el ejército realista. Se entendieron muy bien: Güemes era un maestro en el arte del combate de guerrillas y San Martín, en su época de ayudante en el ejército de Cataluña, se había especializado justamente en la organización de guerra de guerrillas contra los franceses. Un testigo de estas conversaciones, el capitán Mariano Necochea, dijo años más tarde que Güemes “era muy vivo y baqueano, comprendió bien y realizó todas las ideas del general”. A partir de ese momento Güemes y sus gauchos se convirtieron en pieza fundamental del plan que el futuro Libertador estaba madurando para liberar América del Sur.

Las relaciones entre Güemes y las autoridades de Buenos Aires siempre habían sido difíciles. Cuando el 1815 asumió la gobernación de Salta los choques aumentaron de manera exponencial. Todo cambió con la asunción de Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo de las Provincias Unidas. El contexto había cambiado radicalmente: Napoleón había sido derrotado de manera definitiva, Fernando VII había regresado al trono de España y estaba organizando un ejército y una flota para reconquistar el Río de la Plata, la última de sus colonias rebeldes en América. Mientras el Congreso de Tucumán declaraba el 9 de julio de 1816 la independencia de las Provincias Unidas de América del Sur, San Martín seguía en Cuyo entrenando al Ejército de los Andes y Güemes rechazaba con sus milicianos gauchos todos los intentos de invasión realista en el norte. A principios de 1817 éstos últimos tuvieron que hacer frente a un ejército compuesto por regimientos veteranos de las guerras napoleónicas, como era el caso del Regimiento Imperial de Alejandro, cuyas banderas habían flameado junto a las del zar en la batalla de Borodino. Mandado por el prestigioso brigadier José de la Serna, los realistas lograron algunos éxitos iniciales. La Serna tenía órdenes de avanzar hasta Cuyo, desalojar de allí a San Martín, unir su ejército a otro que cruzaría desde Chile para avanzar juntos hacia Buenos Aires y terminar así con la revolución sudamericana. Pero la resistencia de Güemes y sus milicianos gauchos fue muy dura. Gracias a un uso experto de la guerra de recursos y a su perfecto conocimiento del terreno, atacaban a los realistas cuando menos lo esperaban, se llevaban sus recursos, les cortaban las líneas de abastecimiento, y desaparecían. Dividían a sus enemigos, los atomizaban y agotaban, los llevaban hasta el hambre y la desesperación. Rodeados de una población hostil, hostigados hasta el cansancio, en mayo de 1817 lo que quedaba de las tropas realistas se retiraron. Tres meses antes el Ejército de los Andes había cruzado la cordillera por Mendoza, iniciando la liberación de Chile. El grandioso plan libertador de San Martín estaba en marcha y Güemes, junto a sus milicianos gauchos, cumplían su doble misión con éxito: cuidar las espaldas del Ejército de los Andes y atraer tropas españolas al norte del país para dividir el esfuerzo enemigo. Una clave fundamental del éxito de Güemes fue la relación que tenía con sus subordinados gauchos. El general José María Paz, que no lo apreciaba mucho, reconocía sin embargo que Güemes “era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, el patriota sincero y decidido por la independencia: porque Güemes lo era en alto grado”. En 1905 Leopoldo Lugones publicó La Guerra Gaucha. Como la mayoría de los intelectuales de su generación, Lugones estaba preocupado por delimitar la identidad cultural argentina en un país que todo el tiempo recibía enormes contingentes de inmigrantes. La Guerra Gaucha se ofrecía como relato en tono épico de la lucha de los gauchos argentinos por su independencia. A excepción de Güemes, no se citaban sus nombres porque, decía Lugones en el prólogo, “la guerra gaucha fue en verdad anónima como todas las resistencias nacionales”. Era un pueblo luchando por su independencia, una épica generadora de identidad nacional. Casi cuarenta años más tarde Artistas Argentinos Asociados (AAA) llevó La Guerra Gaucha al cine. No fue casual la elección. AAA había sido fundado con la idea de renovar el cine nacional y recuperar para el mismo una identidad argentina que se sentía diluida por la presencia de Hollywood en los cines del país. Homero Manzi, uno de los guionistas y entusiasta impulsor del proyecto, era miembro de FORJA, una agrupación radical yrigoyenista que tenía un fuerte discurso antiimperialista: si el país aspiraba realmente a su independencia tenía que liberarse de la influencia económica británica. “Somos una Argentina Colonial, queremos ser una Argentina Libre”, rezaba uno de los lemas más conocidos de FORJA. Dirigida por Lucas Demare, con gran elenco y estrenada en 1942, La Guerra Gaucha fue un éxito de taquilla: estuvo 19 semanas en cartel y fue vista por unas 170.000 personas. 

Tanto Lugones como Manzi y sus compañeros de AAA encontraron en Güemes y sus gauchos “sin nombre” al pueblo que estaban buscando para darle el nombre de argentinos. Este año se celebró el bicentenario de la figura de Güemes. En la ceremonia oficial realizada en la provincia de Salta, el presidente Alberto Fernández rindió homenaje a su memoria y lo puso como ejemplo a seguir frente a la pandemia del coronavirus. Lejos de la guerra viral, Güemes y sus gauchos pelearon por la libertad de América del Sur. Y jamás estuvo en sus mentes la idea de estar luchando por la independencia de un país llamado Argentina. 

Alcides Rodríguez

Buenos Aires, EdM, noviembre de 2021