Sobre ¡También en la Argentina hay esclavos blancos! de Alfredo Varela, compilado por Javier Trímboli y Guillermo Korn, por Pablo Luzuriaga

El escritor argentino Alfredo Varela vivió hasta los setenta años. Nació en 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, y murió en 1984, al término del último golpe de Estado en Argentina. Periodista, traductor, novelista y poeta, Varela perteneció al Partido Comunista. Testigo singular del siglo XX “corto” –como diría Eric Hobsbawm–  desde las orillas del Río de la Plata; su novela El río oscuro publicada en 1943 fue traducida en la URSS donde viajó en 1948. Ese año publicó Un periodista argentino en la Unión Soviética. Entre 1951 y 1952, mientras estaba preso en la cárcel de Devoto, la novela del escritor comunista sería usada como base para elaborar el guión de una ficción cinematográfica considerada como un clásico del peronismo: Las aguas bajan turbias, dirigida y protagonizada por la voz de la “Marcha peronista”, Hugo del Carril. 

Trímboli y Korn, en 2015, publicaron en conjunto por editorial Eudeba un libro sobre la película: Los ríos profundos. Hugo del Carril / Alfredo Varela: un detalle en la historia del peronismo y la izquierda. Aquel libro con prólogo de Horacio González y un capítulo sobre el año 1952 de Julia Rosemberg abordaba distintas capas de sentido: la investigación periodística de Varela sobre la explotación de los trabajadores de la yerba en misiones, la novela que elabora a partir de esa investigación, las vidas cruzadas del comunista Varela y el peronista del Carril y por último la película que fue un éxito de taquilla el año de la muerte de Eva Perón. 

En noviembre de 2020 por la editorial Omnívora, Korn y Trímboli compilaron las notas iniciales de la investigación periodística que Varela llevó adelante durante varios meses en el noreste argentino y que aparecieron publicadas entre febrero y abril de 1941 en la revista sensacionalista Ahora y en el periódico La Hora –órgano oficial del Partido Comunista Argentino. 

“¡También en la Argentina hay esclavos blancos!” es el título del libro y también el que reúne las primeras notas cuando aparecieron por primera vez en el verano de 1941. La que inicia la serie el 18 de febrero se titula: “Los huesos de los mensús argentinos y paraguayos asesinados alfombran las selvas del alto Paraná.”; el 21 del mismo mes, otra: “En jornadas de más de 14 horas toda una familia gana en el monte apenas 4 pesos.”; los títulos exhiben la explotación. El 25 de febrero: “En un esfuerzo agobiador el urú trabaja 24 horas seguidas, durmiendo quince minutos”; el 28: “El criollo yerbatero, con fama de haragán, trabaja 16 horas por día.”; el 4 de marzo: “Los niños trabajan catorce horas por día y ganan cuarenta pesos por mes.”; el 11 de marzo: “La tuberculosis causa estragos en el torturado organismo de los mensús.”; el 14: “En un solo obraje encontró la policía 60 esqueletos de mensús asesinados.”. A medida que avanzan las notas, la denuncia comienza a apuntar a los responsables; al mismo tiempo Varela pone de manifiesto la importancia de la organización de los trabajadores, el 18 de marzo: “Pagando con vales los empresarios de misiones burlan las leyes argentinas.”, el 22: “El año 1941 debe señalar la organización de los mensús.”; el 25: “Sobre lágrimas y sangre de los mensús, edificó sus millones la poderosa empresa Martín y Cía.”, la nota comienza con un párrafo entre la ironía popular de Arlt y la contundencia política de Walsh: “Si alguien tuviera la idea original de publicar entre nosotros una especie de ¿Quién es quién? de los explotadores del pueblo argentino, los señores Martín y Cía. deberían ocupar allí un lugar destacado”. 

En el estudio preliminar que antecede a las notas perodísticas, los compiladores hilvanan detalles históricos que potencian la escritura del escritor comunista. Varela llega al que por entonces fuera “Territorio Nacional de Misiones” por intermedio de Marcos Kaner, principal dirigente de la Federación Obrera Marítima: “Son los trabajadores de los barcos que van y vienen por el Paraná quienes alientan la sindicalización de los mensús de los yerbales y de los hacheros de los obrajes. La conciencia de clase viaja con ellos.”, apuntan Trímboli y Korn. Los compiladores trazan una serie donde inscribir las notas: entre las crónicas de Arlt o las notas de Homero Manzi sobre Santiago del Estero, y las de Rozenmacher o Walsh cuando desmitifica la idea liberal de “El matadero” con una visita a los frigoríficos grabador en mano. 

Cada uno por su cuenta ambos compiladores publicaron antes otros títulos que dialogan con esta compilación y con el trabajo conjunto sobre el vínculo entre Varela y Hugo del Carril. En 1999, Javier Trímboli publicó Mil novecientos cuatro, por el camino de Bialet Massé un ensayo germinal al mismo tiempo sobre la situación de los trabajadores a principios del siglo XX, según la mirada Juan Bialet Massé –autor del Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas a comienzos de siglo– y sobre la situación del país a fines de la década de 1990, según la mirada del ensayista historiador. Como Varela, Bialet Massé toma nota de las peores condiciones de explotación del hombre por el hombre en Argentina, uno en 1904, el otro en 1941. Guillermo Korn publicó en 2017 Hijos del pueblo sobre trayectorias de intelectuales que provienen de la izquierda y alimentan al peronismo: Elías Castelnuovo, César Tiempo, José Gabriel, Jorge Newton y Luis Horacio Velázquez elaboran en sus propias trayectorias el encuentro que Trímboli y Korn subrayan en la relación de Varela con del Carril. 

Los compiladores escriben a contrapelo de la historiografía que a partir de 1984 pretendió organizar el pasado y la tradición en base a un ideal modernizador anclado en el supuesto de que habíamos dejado atrás la violencia política para lanzarnos a un nuevo período democrático que debía ordenar su pasado de modo tal que sirviera como fundamento para un nuevo pacto: la historia profesional que después de la derrota al mismo tiempo prescindía de la tradición de la izquierda y del peronismo. Como reflexión dialógica sobre ese encuentro disruptivo en la historia argentina llamado “peronismo de izquierda”, el trabajo que hacen Korn y Trímboli con los “detalles” pone en jaque cualquier idea tranquilizadora de manual. Las primeras décadas del siglo XX no son lo que dijeron quienes olvidaron los conflictos de la segunda mitad del siglo XX para fundar un nuevo proyecto al final del siglo XX. Las políticas neoliberales demostraron que las reformas del Estado las décadas de 1980 y 1990 bajo la ilusión del progreso traían más explotación y miseria. Mientras la historiografía profesional ordenaba el manual para la República soñada borrando el conflicto como si fuese parte de un pasado remoto, el colectivo editor de la revista mariateguiana La Escena Contemporánea donde participan a fines de la década de 1990 Trímboli y Korn se lanzaba a la búsqueda de “detalles” en el pasado que removieran la historia del mismo modo que la historia se removía para enfrentar las políticas del consenso de Washington en los piquetes de Cutral-Co y General Mosconi.

Cuánto debe el kirchnerismo a estas búsquedas en el pasado del peronismo clásico lo saben unos pocos kirchneristas. ¿Qué tradición para qué proyecto? La pregunta parece años luz de la interminable rosca pandémica de concejales, diputados, senadores, intendentes, gobernadores, ministros, periodistas y operadores. Una distancia como la que el militante Varela –guiado por el sindicalista Marcos Kaner– pudo tener a cada paso que daba hacia el infierno de los yerbales respecto del frío cálculo en la cúpula del comité central.