Conspiraciones, por Alcides Rodríguez

Hace unos días un tribunal de justicia peruano resolvió que Bill Gates, George Soros y la familia Rockefeller crearon el COVID-19 para dominar el mundo.

“Se habló muy poco – escribió Henry Ford en El Judío Internacional – en los comentarios acerca de los protocolos judíos sobre el programa político en ellos contenido. Se advierte la victoria de su hegemonía mundial, primero por la preponderancia financiera en el mundo (…) En segundo término, por una preponderancia política, que se evidencia claramente en la situación actual de todos los países civilizados; en tercer lugar, por la influencia hebrea sobre nuestra educación (…) Luego por un menoscabo general de nuestra existencia espiritual mediante un sistema refinado de diversiones y de juegos; finalmente, por la propagación de ideas disolventes, que no sirven a progreso real alguno, sino que representan quimeras económicas y sólo llevan a la anarquía”. Durante toda su vida Ford fue un antisemita militante. Adolf Hitler lo admiraba, y se dice que colgó una fotografía suya en la pared de la celda en donde redactó Mein Kampf. Cuando el nazismo llegó al poder en 1933 Ford realizó importantes inversiones en el país. Hitler lo premió con la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana, la más alta condecoración que los nazis otorgaban a un extranjero.    

En El mito de la conspiración judía mundial el historiador Norman Cohn estudió los orígenes y la difusión de Los Protocolos de los Sabios de Sión, el demencial libelo antisemita en el que se basó Ford para sostener sus argumentos. Su rastreo se inicia en la Antigüedad Clásica, cuando se hablaba de los judíos como seres misteriosos dotados de poderes siniestros y muchos cristianos los tildaban de adoradores del Diablo. A finales de la Edad Media estas fantasías fueron integradas a una nueva demonología que denunciaba una conspiración dirigida por el Maligno para destruir la Cristiandad. El moderno mito de la conspiración judía combinó estas ideas con el halo conspirador que rodeaba a la masonería y a las sociedades secretas del siglo XIX. Planteado como transcripción de lo decidido por un grupo de malvados líderes judíos reunidos en conciliábulos secretos, los Protocolos detallaban siniestros planes para controlar el mundo a través de la banca, la industria, la masonería y los movimientos comunistas. El objetivo final era crear un Estado Mundial regido por un soberano de la Casa de David.    

Cohn afirma que la difusión de este mito se relaciona con las revoluciones y transformaciones de los siglos XIX y XX. El auge de la democracia liberal, el secularismo y el socialismo hizo que los Protocolos circularan profusamente entre sectores conservadores y de extrema derecha. El desarrollo y ascenso de una clase media liberal en Europa animó a los judíos a salir definitivamente de los guetos, convirtiéndolos al mismo tiempo en chivos expiatorios para ser culpados por transformaciones políticas y estructurales no deseadas. Fue así que en la segunda mitad del siglo XIX el antisemitismo creció de manera exponencial, sobre todo en países y regiones que nunca llegaron a asimilar del todo el nuevo clima de ideas. La historia del mito, sostiene Cohn, confirma que el auge y difusión de las teorías conspirativas coincide con tiempos de crisis, incertidumbre y grandes transformaciones estructurales. Ford y los nazis encontraron en los Protocolos lo que fueron a buscar: respuestas con culpables que confirmaran sus odios y prejuicios.     

La pandemia ha dado lugar a numerosas teorías conspirativas, desde la que sostiene que el COVID-19 fue creado por la industria farmacéutica para hacer dinero con la venta de vacunas hasta aquellas que afirman que ha sido producida por los gobiernos de China o Estados Unidos en su aspiración a la dominación del mundo. También se dice que obedece a un plan del multimillonario Bill Gates para controlar a la población mundial implantando en el cuerpo de las personas microchips rastreables. Otro multimillonario, George Soros, ha sido puesto a la cabeza de una conspiración similar, y no puede sorprender que el hecho de ser de origen judío fortalezca la idea. El auge de estas teorías conspirativas ha llegado incluso a la Justicia. Hace pocos días un tribunal peruano dictó una resolución en la que afirma que el virus es una invención de una élite criminal dirigida por Bill Gates, George Soros y la familia Rockefeller para dominar el mundo. En su escrito los jueces sostienen que los conspiradores controlan y direccionan la pandemia “con un secretismo a ultranza dentro de sus entornos y corporaciones mundiales” para así poder cumplir con los pasos previstos en el “Proyecto 2030”, en alusión al polémico proyecto ID2020 que Gates impulsa junto a la Rockefeller Foundation para digitalizar datos de la población mundial en un registro que permitirá identificar a cada persona conectando sus huellas digitales, el iris de los ojos, registros médicos, fechas de nacimiento, nivel educativo, tarjetas de crédito, etc., por encima de la jurisdicción de cada Estado Nacional. 

Siguiendo la huella de lo planteado por Cohn, la crisis producida por la pandemia constituye un clima ideal para la difusión de teorías conspirativas que brindan respuestas sencillas, intolerantes y falsas. Nadie sabe hacia dónde conducen las transformaciones que el COVID-19 está produciendo en el sistema mundial. Millones se ilusionan con el retorno a la normalidad perdida una vez que el virus esté bajo control. Otros piensan que asistimos a la inauguración de una nueva normalidad de desenlace incierto: nuevos virus, más dañinos aún, esperan agazapados para dar el salto sobre la humanidad. El deterioro ecológico, el formidable crecimiento de la desigualdad mundial y el preocupante panorama viral no aseguran nada de cara al futuro. Así las cosas, resulta interesante volver la mirada al siglo XIV, a sus ideas de castigo divino, conspiración diabólica y a su Peste Negra, sabiendo que por debajo de la desesperación de su gente se iniciaba la disolución del feudalismo como sistema. Ocupados en bailar la Danza Macabra los hombres y mujeres del medioevo jamás vieron que entre los escombros de su orden económico y social estaba naciendo el mundo moderno. ¿Estará naciendo un mundo nuevo en este momento? La pregunta queda flotando en el aire.  

Alcides Rodríguez

Buenos Aires, EdM, febrero 2021