Adelanto. Dimensiones del significado de Andrés Saab y Fernando Carranza

El significado y sus límites

Presentación

Dimensiones del Significado es, por un lado, un intento explícito de poner en español los últimos avances en semántica formal y, por el otro, un intento más bien implícito de dejar en evidencia los límites de lo matematizable en materia de significación lingüística. Por lo tanto, lo que efectivamente aparece expuesto en este libro es un repaso de las contribuciones más importantes en semántica formal en los últimos cuarenta años. Esto incluye una presentación (si bien no exhaustiva, al menos lo suficientemente ilustrativa) de una teoría semántica de condiciones de verdad, según la cual dar el significado de un subconjunto de oraciones generables por cualquier gramática humana es dar ni más ni menos que las condiciones del mundo (o de nuestro modelo del mundo) que harían verdaderas a las oraciones en cuestión. El origen de tal teoría tiene un recorrido reconocible en la tradición iniciada por los escritos “lingüísticos” de Frege a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pasando por las contribuciones de Tarski y, muy en particular, por las aplicaciones de Richard Montague y, luego, Barbara Partee, ya en la década del setenta. En principio, la única diferencia notable con respecto a esas tradiciones es que nos inclinamos por asumir, con Heim y Kratzer y otras referencias importantes, una gramática que a grandes rasgos podemos definir como transformacional. Pero esta es una cuestión menos sustancial de lo que podría parecer. 

Como sea, el recorrido propuesto ofrece al estudiante (y a otros lectores interesados) un panorama del estado de la cuestión en semántica formal moderna que tiene como objetivo último mostrar que para ese subconjunto de oraciones generables por cualquier gramática humana es posible concebir una función que toma tales objetos lingüísticos y devuelve como resultado su significado, es decir, sus condiciones de verdad. El modo en que dicho resultado funcional se obtiene es descomponiendo la oración en sus partes constituyentes y aplicando la misma función de interpretación a cada una de dichas partes. La forma general de la función de interpretación es la siguiente: 

⟦ [E] ⟧ = E  

En esta fórmula, los corchetes dobles indican que el significado de la expresión lingüística [E] bajo la función de interpretación es E, es decir, el elemento que aparece a la izquierda del signo de igualdad. Por ejemplo, el significado del nombre propio ⟦ [Diego Armando Maradona] ⟧ es el individuo concreto que marcó el segundo gol a los ingleses en los cuartos de final del mundial de fútbol de México 1986. Por su parte, la expresión lingüística [gambetea(r)] denota, también bajo la función de interpretación indicada por el doble corchete, el conjunto de los individuos que gambetean. Ahora, el resultado de combinar el significado de [Diego Armando Maradona] con el de [gambetea] es expresar nada más y nada menos que el significado de que el individuo Diego Armando Maradona pertenece al conjunto de los gambeteadores, lo que será cierto si y solo si Diego Armando Maradona pertenece de hecho a tal conjunto (o más técnicamente, si la función característica equivalente para dicho conjunto arroja verdad para la expresión oracional [Diego Armando Maradona gambetea]). Es posible ofrecer así una prueba formal (tal como “formal” se entiende en matemáticas) para cada significado de un subconjunto infinito de las oraciones generables por cualquier gramática humana. O dicho de otro modo, es posible derivar significados lingüísticos como teoremas, a partir de un léxico y un conjunto muy reducido de axiomas semánticos. En muy resumidas cuentas, este es el proyecto general para cualquier teoría semántica de condiciones de verdad que adscriba a alguna forma del llamado principio de composicionalidad, según el cual el significado de una expresión compleja cualquiera se obtiene siempre a partir del significado de sus partes componentes.

La segunda parte del manual muestra de qué manera se puede formalizar otro subconjunto de oraciones generables por cualquier gramática humana que no estaba contemplado en el subconjunto inicial manteniendo intacto el supuesto de composicionalidad y el carácter axiomático de la teoría. Las oraciones en cuestión incluyen las que se pueden deducir de enunciados ficcionales, modales y temporales, entre otros. Esta extensión tuvo un alto impacto en teoría semántica, pues abrió la esperanza de que más significados, además de aquellos derivables inicialmente por una semántica de condiciones de verdad, puedan quedar apropiadamente regimentados por un sistema axiomático completamente explícito.

Esa esperanza se vio particularmente alentada en años recientes cuando Cristopher Potts desarrolló la primera lógica explicita para un conjunto de significados que hasta hace unas dos décadas atrás pocos soñaban con poder regimentar formalmente. Tal es el caso de los significados expresivos que aportan palabras como puta cuando ocurre en oraciones como No encuentro las putas llaves. Ese tipo de contribuciones han demostrado cabalmente que es de hecho posible no solo matematizar los significados relativos a lo que Karl Bühler alguna vez llamó la función representativa del lenguaje, sino también aquellos significados relativos a las funciones expresiva y apelativa. Aún más, es posible regimentar una lógica que derive ahora no el significado de una oración, sino sus significados (en plural). Para que se entienda lo que está en juego acá, considérese la oración Andrés es sudaca. Resulta evidente que la oración en cuestión expresa en principio el mismo significado que su contraparte Andrés es sudamericano, pero además la primera comunica un sesgo xenófobo que está ausente en la última. Dicho de otro modo, Andrés es sudaca expresa más de una dimensión de significado. Para muchos, y durante mucho tiempo, estos sesgos xenófobos no tienen nada de semántico, pues no agregan nada al pensamiento. De acuerdo con el propio Frege, el sesgo, el estilo, o lo que él simplemente llamó el color de ciertas expresiones debe ser objeto de estudio de la humanística no de la semántica o de la lógica. 

Esta división entre humanismo (con toda su carga hermenéutica) y semántica lingüística (derivable de la lógica) no es ajena a otras tradiciones. Es oportuno recordar al respecto que sobre tal división se enfrentaron los estructuralismos o formalismos europeos con otras tradiciones trascendentalistas como, pongamos por caso, la del círculo de Bajtín, para el que no hay significados matematizables (recordemos el rechazo de Bajtín a toda forma de objetivismo abstracto). Durante la primera mitad del siglo XX, para los estructuralistas de las vertientes más formalistas, las ciencias humanas en general (y no solo la lingüística o la semántica) tenían que dar el salto científico que las alejara de cualquier tipo de intervención hermenéutica. Quien mejor expresó ese desiderátum fue Louis Hjelmslev en su Prolegómenos a una teoría del lenguaje:

Las voces que de antemano se alzaban contra tal intento [se refiere al intento formalista del que hablamos, AS] en el campo de la humanística, argumentando que no podemos sujetar a análisis científico la vida espiritual del hombre y los fenómenos que implica sin matar esta vida y, como consecuencia, permitiendo que el objeto escape a nuestra consideración, son puramente apriorísticas, y no pueden impedir a la ciencia que lo intente. Si falla en el intento (…) las objeciones serán válidas, y se habrá demostrado que los fenómenos humanísticos sólo pueden tratarse desde puntos de vista subjetivos y estéticos. En cambio, si el intento tiene éxito (…) estas voces se callarán por sí mismas, y entonces sólo nos quedaría realizar los experimentos correspondientes en los demás campos del humanismo.
 (Hjelmslev [1943] 1980, 2)

Es conocido el entusiasmo que esta proclama causó en Roland Barthes. Tal entusiasmo derivó en su primera teoría de la connotación presentada casi como un programa de investigación en teoría de la ideología al final de Elementos de semiología. De acuerdo con tal teoría, enunciados como Andrés es sudaca son también multidimensionales y, quizás más importante aún, axiomatizables a través de la oscura función-signo de la glosemática hjelmsleviana. De hecho, los estereotipos y sentidos contenidos en la infinidad de discursos y prácticas, lingüísticas y no lingüísticas, producidas por cualquier comunidad humana en cualquier tiempo humano pueden ser recogidos científicamente a través de una teoría matemática (glosemática) del sentido. Esta ambición (vista en perspectiva, un tanto desmedida) colapsó, por no decir que fracasó, demasiado pronto cuando el propio Barthes en S/Z, ya atravesado por Bajtín y su círculo, definió a la connotación como una anáfora. Ya no hay teoría matemática del sentido aquí, sino mera restauración hermenéutica. Y es tarea del intérprete devolver el sentido o los sentidos, que no existen más que a través del acto de interpretación. En efecto ¿quién puede acaso soñar con regimentar el sentido de Cantatas de puentes amarillos, en particular, de su famosa línea sobre el tiempo (aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor) sin evocar “anafóricamente” a Manrique y a Artaud en un acto de polémica imaginario? O volviendo a nuestra oración inicial ¿quién puede soñar con regimentar formalmente los llamados discursos del odio (del que Andrés es sudaca es sólo una muestra minúscula) sin evocar prácticas sociales extremadamente complejas, cuyo contenido, otra vez, solo puede ser repuesto mediante un acto de interpretación?       

Los dos Barthes son extremos. Entre el Barthes de Elementos… y el de S/Z hay un balance que, hasta donde sé, no ha sido recuperado, quizás porque el Barthes de S/Z se llevó la última palabra. Dicho de otro modo, la idea de connotación como anáfora no es tan esquiva como parece a una teoría formal del significado y por qué no del sentido o de la ideología, entendida como fenómeno semiológico. En fin, nuestro Dimensiones del significado es en su parte menos explícita un intento de reestructurar y resignificar los dos Barthes aquí comentados a través de una discusión final sobre el modo en que ciertas formas del racismo, la xenofobia o la misoginia, tal como se expresan en un subconjunto de oraciones generables por cualquier gramática humana, pueden de hecho regimentarse de manera exitosa a partir de un sistema axiomático lo suficientemente explícito.   

Andrés Saab, verano 2021

Avances

Prefacio 

(Fragmento)

El presente libro se ofrece como un espacio de reflexión en torno a la cuestión del significado oracional y sus diferentes dimensiones. La referencia al concepto de dimensión trata de visibilizar el carácter epifenoménico del tópico central de este libro: el significado como propiedad interna de las expresiones lingüísticas. Tal como se verá, el significado lingüístico supera largamente la cuestión de definir denotaciones en términos veritativo-condicionales. Si bien en algunos casos es posible enriquecer el aparato formal para obtener condiciones de verdad, en otros, es preciso referir a dimensiones de significación constantes que son dependientes del uso, entendido en sentido amplio. Así, si bien el par de oraciones Andrés y Fernando son sudamericanos y Andrés y Fernando son sudacas tienen exactamente las mismas condiciones de verdad y el mismo significado intensional (i.e., son extensional e intensionalmente equivalentes) no son expresivamente equivalentes. En concreto, la segunda vehiculiza un sesgo xenófobo que está ausente en la primera. Con todo, entendemos que la diferencia entre ambas es todavía semántica (i.e., no pragmática), pues depende de manera esencial del significado de las palabras sudamericano y sudaca tal como ocurren en esos contextos sintácticos en particular. Es uno de nuestros objetivos centrales mostrar cómo estas diferentes dimensiones de significación deben modelarse en una teoría lo suficientemente explícita del significado lingüístico. El camino propuesto es, sin embargo, progresivo.

Por esta razón, el libro está dividido en tres partes. En la primera parte, “Una semántica para este mundo”, se discute el principio de composicionalidad del significado, según el cual el significado de una expresión compleja se calcula a partir del significado de las partes que la componen. En la segunda parte, “Otros mundos”, se muestra por qué una semántica de condiciones de verdad es insuficiente para dar cuenta de innumerables expresiones de las lenguas naturales y se introduce la noción de mundo posible. Es importante notar que esto no supone una nueva dimensión de significado sino un enriquecimiento del aparato formal introducido en la primera parte.

Finalmente, en la tercera parte, Otras dimensiones, se muestra por qué la extensión a otros mundos no agota tampoco el dominio de lo que puede considerarse semántico en términos puramente lingüísticos. En efecto, hay una serie de fenómenos que no reciben una explicación satisfactoria en el marco de una semántica intensional simplemente suplementada con referencia al significado pragmático (e.g., implicaturas conversacionales). El tema fue, de hecho, puesto de manifiesto al pasar por el propio Grice en su clásico “Lógica y conversación”, donde introdujo la noción semántica de implicatura convencional. La importancia de la distinción griceana ha cobrado especial relevancia en la década pasada a través del trabajo de Christopher Potts.

Una conclusión natural del camino propuesto viene dada en la forma de la pregunta acerca de si las dimensiones discutidas clausuran el problema de la significación lingüística. La respuesta es probablemente negativa. Si bien los logros en semántica formal de las últimas cuatro décadas implicaron un salto cualitativo en favor de nuestra comprensión de la noción de significado, estamos lejos de comprender todavía cómo las lenguas humanas no solo expresan los distintos tipos de significados de los que trataremos en este libro sino también sirven de testimonio de prácticas sociales, históricamente condicionadas, que son externas a las lenguas naturales. En cualquier caso, el objetivo último de este libro es poner de manifiesto los límites que supone tratar de matematizar otras dimensiones del significado (social e ideológico). Esos límites de la significación son, en última instancia, el punto de apoyo para todo intento serio de marcar otro límite esencial: el de la Facultad del Lenguaje, entendida como una propiedad genética de lo humano.

Capítulo 4. Extensión del fragmento

(Fragmento)

De acuerdo con Heim y Kratzer, este modo de tratar la semántica de los pronombres, no significa que sea imposible referir a un hombre mediante un pronombre femenino, o a un átomo (i.e., un individuo singular) mediante un pronombre plural, etc. En sus palabras:

Bajo esta explicación de los rasgos de género, no es estrictamente imposible usar un pronombre femenino para referir a un hombre. Pero si uno hace esto, expresa por lo tanto la presuposición de que este hombre es hembra. Esto es intuitivamente correcto. Si los participantes del discurso creen incorrectamente que un referente masculino es femenino, o si están predispuestos a pretender que lo creen, entonces una ocurrencia de she puede, de hecho, referir a un hombre, sin ninguna violación de principios gramaticales.

(Heim y Kratzer 1998: 245. Traducción nuestra.)

La pretensión de alterar o “jugar” con las presuposiciones con las que contribuyen los rasgos flexivos de los pronombres o ciertos sustantivos es particularmente evidente en distintas estrategias de lo que se conoce como lenguaje inclusivo. En inglés, por ejemplo, es cada vez más extendido el uso del pronombre plural they para referirse a un individuo singular (e.g., They left, puede usarse en un contexto en el que solo Ana salió.). Esta estrategia tiene como objetivo evitar la presuposición de género que tienen los pronombres singulares en esa lengua (i.e., she/he), que está ausente en la forma plural. Estrategias similares se usan en la lengua española, mediante, por ejemplo, el cambio de la vocal o por la vocal e en las palabras, nombres o pronombres, en las que se supone que la vocal o indica invariablemente masculino. Así, algunos hablantes usan todes o elles en vez de todos o ellos. Son conocidos los debates y controversias a los que tales estrategias dan lugar. Se trata, en el caso general, de peleas de tipo normativas, i.e., de lo que es correcto o incorrecto desde cierto punto de vista ético o moral o desde lo que es correcto desde cierto punto de vista purista de la lengua. La teoría semántica, como cualquier disciplina científica, es ajena a dichos debates. Su objetivo se reduce a explicar cómo es que los hablantes son o no exitosos a la hora de referir a ciertas entidades del mundo mediante el uso de expresiones especialmente designadas para eso. No es una contribución menor, dado que, de hecho, los hablantes son capaces de referir incluso en casos de aparentes fallas presuposicionales.

Capítulo 7. Introducción a una semántica intensional

(Fragmento)

Hasta acá, hemos descripto una teoría de la interfaz semántica diseñada de modo tal de ser capaz de “hablar de este mundo”. Ahora bien, como nos recuerdan von Fintel y Heim (2011), el lenguaje humano, tal como lo describió Hockett (1960), cuenta con la propiedad esencial del desplazamiento:

(1) Propiedad del desplazamiento: el hombre es aparentemente casi el único capaz de hablar sobre cosas remotas en el espacio o en el tiempo (o en ambas) del lugar o momento en que estamos hablando. Esta propiedad –“desplazamiento”– parece definitivamente estar ausente en las señales vocales de los parientes más cercanos del hombre, aunque ocurre en la danza de las abejas.
(Hockett 1960: 5.)

El desplazamiento se puede dar en varias direcciones, dos de las cuales son la temporal y la modal. En cuanto a la primera, consideremos la siguiente oración:

(2) Perón murió el 1 de julio de 1974.

El enunciado en cuestión claramente no es acerca del aquí y el ahora de cualquiera sea la enunciación relevante. Además de este desplazamiento temporal, podemos imaginar otros que no involucran intervalos de tiempo distintos del tiempo de la enunciación, sino que se desarrollan en lo que llamaremos mundos posibles:

(3) a. Puede ser que haya un ajuste luego de octubre.

b. Si Macri gana las elecciones, algunos dicen que habrá más ajuste.

c. Ojalá no haya otro ajuste.

Los parámetros temporal y modal, además, pueden combinarse para producir enunciados contrafácticos:

(4) a. Si hubiera estudiado filosofía, habría sido más feliz.

b. Si Higuaín no hubiera fallado tantas veces, la selección argentina tendría más títulos que exhibir.

c. Si no me hubiera emborrachado con grapamiel, habría dicho lo correcto.

La lista de desplazamientos es inmensa. Somos capaces de imaginarla, pero no de exhibirla en su totalidad. Dar cuenta de cómo las cosas fueron, de cómo podrían ser en alguna circunstancia alternativa, determinada por los deseos, las creencias, las posibilidades, etc., o de cómo podrían haber sido si no hubieran sido como efectivamente fueron es tema de la semántica intensional. De todas las posibilidades teóricas con las que podríamos abordar el tema, nos inclinamos por una estrategia que fue fundamental en la historia de la lógica modal, a saber: la postulación de una semántica restringida a mundos posibles. Preliminarmente, al menos, deberíamos pensar un mundo posible como un parámetro de evaluación desde el que evaluamos el contenido de las expresiones lingüísticas. En este sentido, no hay nada que abandonar de aquello que es esencial a la tesis fregeana que nos ha guiado hasta ahora; es decir, juzgar sigue siendo reconocer partes dentro de oraciones que, por su significado y modo de combinación, determinan las condiciones de verdad de la oración en cuestión (véase el capítulo 1). Pero ¿cómo juzgar fuera de este mundo? No hay respuestas obvias, pero hay al menos un cierto consenso en que la estrategia es restringir el juzgar mediante circunstancias de evaluación. Estas circunstancias dependen de parámetros espacio-temporales específicos. En otras palabras, podemos restringir nuestra función de interpretación no solo a asignaciones para números naturales, sino a mundos. Nuestra función de interpretación puede leerse entonces de esta manera:

(5) ⟦ ⟧w,g = la función de interpretación de acuerdo con la cual cada objeto sintáctico
lleva a una denotación d con respecto a cierta asignación g y a cierto mundo w

La pregunta que sigue, claro, es qué es un mundo. La mejor manera de entender la cuestión es reflexionar sobre las siguientes palabras de David K. Lewis:

…..El mundo en el que vivimos es una cosa muy incluyente. Cada palo y cada piedra que hemos visto en nuestra vida forman parte de él. Lo mismo tú y yo. Y también el planeta Tierra, el Sistema Solar, la Vía Láctea entera, las galaxias remotas que vemos a través de los telescopios y (si hay tales cosas) todos los trozos de espacio vacío entre estrellas y galaxias. No hay nada lo suficientemente lejos de nosotros como para no formar parte de nuestro mundo. Cualquier cosa a cualquier distancia ha de ser incluida. Asimismo, el mundo es incluyente de manera temporal. Ningún romano desaparecido hace tiempo, ningún pterodáctilo extinto, ninguna nube primordial de plasma ya desaparecida, están demasiado lejos en el pasado, tampoco las oscuras estrellas muertas están demasiado lejos en el futuro, como para no ser parte de este mismo mundo. Tal vez, como yo mismo creo, el mundo sea un gran objeto físico; o tal vez algunas de sus partes sean entelequias, espíritus, auras, deidades u otras cosas que desconoce la física. Pero nada es tan extraño en especie como para no ser parte de este mundo, siempre y cuando exista a cierta distancia y en cierta dirección de aquí, o en algún tiempo anterior, posterior o simultáneo al presente.
…..La manera en que las cosas son, en su forma más incluyente, significa la manera en que este mundo es. Pero las cosas podrían haber sido distintas de muchísimas maneras. Este libro mío podría haber sido terminado a tiempo. O, de no haber sido yo tan razonable, podría estar defendiendo no solo una pluralidad de mundos posibles, sino también una pluralidad de mundos imposibles, sobre los que uno habla con verdad al contradecirse. O podría no haber existido en absoluto –ni yo mismo, ni ninguna contraparte mía–. O podría no haber habido nunca persona alguna. O las constantes físicas podrían haber tenido valores algo distintos, incompatibles con la aparición de la vida. O podrían haber existido leyes de la naturaleza completamente distintas; y en lugar de electrones y quarks, podría haber habido partículas desconocidas, sin carga, masa o espín, pero con propiedades físicas extrañas que nada en este mundo comparte. Hay muchas maneras en las que un mundo podría ser; y una de esas muchas maneras es la manera en que este mundo es.

(Lewis [1986] 2015: 103-104.)

Un mundo es, entonces, nuestro mundo (una totalidad máximamente inclusiva de elementos espacio-temporalmente conectados) y otros tantos que podrían haber seguido un curso diferente o tener propiedades esenciales distintas a las del nuestro. Evaluar desde un mundo es, por lo tanto, concebir no solo el modo en que las cosas son sino también jugar el juego de cómo podrían ser o haber sido. Hay en Lewis un compromiso ontológico un tanto desconcertante: esas otras modalidades, esos otros mundos, son tan reales como el mundo actual. A ese compromiso ontológico, el propio Lewis le dio el nombre de realismo modal. Para los fines de este libro, no es necesario comprometernos con esa posición. 

[…]

Como ya adelantamos, las expresiones lingüísticas reciben su valor semántico no solo bajo una función de asignación sino también respecto a un mundo posible. Los valores de verdad de las oraciones tienen que calcularse ahora con referencia exclusiva a algún mundo posible. En aquellos casos en que la oración no nos da pista de desplazamiento, interpretamos las oraciones con respecto al mundo “real” por defecto. Ahora bien, las lenguas cuentan con operadores de desplazamiento especiales (ficcionales, modales, temporales, etc.) que permiten cambiar el mundo de referencia. Sobre ese tipo de operadores tendremos mucho que decir en esta segunda parte. Por el momento, y solo a los fines de introducir los conceptos básicos de la semántica intensional, detengámonos en una oración de ficción:

(6) En el mundo de Isidro Parodi, un detective famoso vive en la celda 273 de la penitenciaría.

Este es un ejemplo obvio de desplazamiento ficcional, en el que se nos pide que consideremos el valor semántico de la oración matriz no desde el punto de evaluación del mundo real sino desde el mundo que se describe en la saga de Isidro Parodi. Informalmente:

(7) La oración En el mundo de Isidro Parodi, un detective famoso vive en la celda 273 de la penitenciaría es verdadera en un mundo w si y solo si la oración Un detective famoso vive en la celda 273 de la penitenciaría es verdadera en el mundo tal cual es descripto en la saga de Isidro Parodi.

(Adaptado de von Fintel y Heim 2011: 5.)

Nótese que el operador intensional en el mundo de Isidro Parodi es el elemento que nos permite hacer el desplazamiento del mundo actual al mundo de evaluación relevante. Como ya anunciamos, en ausencia de operadores intensionales de este tipo, el mundo actual es el mundo de evaluación por defecto. Cuestiones de saliencia discursiva, sin embargo, pueden obligarnos al desplazamiento independientemente de la presencia explícita de un operador de desplazamiento.

Así, si alguien está mirando una película en la que llueve torrencialmente, está legitimado a decir (8), aun si en el mundo real hay un sol radiante.

(8) ¡Cómo llueve!

Casos simples como estos muestran el rol esencial del contexto en la determinación de las circunstancias de evaluación.

Capítulo 11. Las implicaturas convencionales

(Fragmento)

Nos interesa en particular indagar en lo que llamaremos de aquí en más significados expresivos, como el que hace surgir la palabra sudaca cuando se la opone a sudamericano. Sin duda, es toda una decisión teórica que tratemos estos sesgos expresivos como semánticos en el sentido que hemos hecho del término “semántico” en este libro. Por lo tanto, es importante dejar asentado ya desde el inicio que el modo en que abordaremos la cuestión de la expresividad lingüística en este capítulo y en los que siguen es, desde cierto punto de vista, nuestro único alejamiento realmente sustancial de la teoría fregeana del significado. En efecto, de acuerdo con Frege, el sesgo xénofobo de una palabra como sudaca no agrega nada al pensamiento en el que tal palabra podría legítimamente ocurrir sustituyendo a la más neutral sudamericano. Dado que, según Frege, la semántica trata sobre la relación entre lenguaje, pensamiento y referencia, los efectos expresivos de las palabras (su color o tono, al decir del propio Frege) no son parte del estudio de la semántica. En sus palabras,

Es útil para el poeta tener a su disposición una serie de palabras diferentes que pueden sustituirse entre sí sin alterar el pensamiento, pero que pueden actuar de diferentes maneras sobre los sentimientos y la imaginación del oyente. Podemos pensar, por ejemplo, en las palabras “comer”, “morfar”, “lastrar”. Estos términos también se utilizan con el mismo fin en el lenguaje cotidiano. Si comparamos las oraciones “Este sudamericano gritó toda la noche” y “Este sudaca gritó toda la noche”, encontramos que el pensamiento es el mismo. La primera oración no nos dice ni más ni menos que la segunda. Pero mientras que la palabra “sudamericano” es neutral entre tener asociaciones agradables o desagradables, la palabra “sudaca” ciertamente tiene asociaciones más desagradables que agradables y nos recuerda más bien a un sudamericano con cierta apariencia particular. Incluso si es tremendamente injusto para el sudamericano pensar de esta manera, no podemos decir que esto haga que la segunda oración sea falsa. Es cierto que cualquiera que pronuncie esta frase habla de manera peyorativa, pero esto no es parte del pensamiento expresado. Lo que distingue la segunda oración de la primera tiene la naturaleza de una interjección.

(Frege [1897] 1979 “Logic”: 140. Adaptación y traducción nuestra.)

Se hace evidente, pues, el alejamiento comentado. El supuesto metodológico que asumiremos de aquí en más es que los sesgos de ciertas palabras o construcciones deben ser, a pesar de Frege, parte de la agenda de la investigación semántica. Esto es así porque el color o tono de las palabras responde a convenciones o regularidades semánticas que todo hablante competente de su lengua sabe aplicar en contextos de uso concretos. Hay entonces una teoría semántica del color lingüístico. Ahora bien, la tesis sustantiva es que el color, tono o sesgo de las palabras se computa en una dimensión paralela de significado, la dimensión de las implicaturas convencionales. Tal como veremos en detalle en esta tercera parte, la expresividad lingüística es uno de los fenómenos que pueden tratarse formalmente en el marco de una lógica especialmente diseñada para implicaturas convencionales.

Capítulo 13. Los insultos como expresiones bidimensionales

(Fragmentos)

Una parte importante del debate se reduce a una decisión fundamental entre lo que Orlando y Saab (2020c) llaman enfoques monistas o dualistas de los insultos de grupo. El enfoque de McCready que presentamos hasta aquí, así como la reconsideración que haremos a continuación, es dualista, en el sentido de que es bidimensional; de hecho, se trata de un reajuste de la lógica de Potts para incluir términos como negra. En contraposición, hay quienes piensan que estos elementos son unidimensionales, es decir, que solo contribuyen en la dimensión veritativo-condicional. Un enfoque muy debatido es el de Hom y May (2018), de acuerdo con el cual los insultos de grupo son términos de ficción que toman como argumento un término neutro que refiere a algún grupo humano y devuelven siempre el conjunto vacío. Así, para nuestro ejemplo de sudaca tendríamos esencialmente lo siguiente (PEY = operador peyorativo):

(20) ⟦PEY⟧(⟦sudamericano⟧) = ∅

[PEY (operador peyorativo), ∅ = conjunto vacío]

Muy brevemente, y simplificando parte de la discusión, la hipótesis es que los términos peyorativos denotan un concepto más o menos parafraseable como merecedor de desprecio por pertenecer a G, donde G está por el grupo objeto del desprecio. Ahora bien, dado que no hay nadie que merezca ser despreciado por pertenecer a determinada etnia, clase social, nacionalidad, etc., se sigue que toda aplicación del concepto dará como resultado una extensión nula. De acuerdo con Hom y May, esta semántica es la única compatible con lo que ellos llaman una perspectiva moralmente inocente. Esto supone, desde luego, negar la tesis de la identidad, según la cual los insultos de grupo denotan lo mismo que su contraparte neutra en la dimensión veritativo-condicional, puesto que es simplemente falso que sudamericano denote el conjunto vacío. Solo para hacer claro el contraste, compárese la denotación por extensión que dimos para sudaca con la de sudamericano:

(21) ⟦sudamericano⟧ = {Andrés, Fernando, Eleonora,Miguel, Alexandra, Mercedes, Carlos, Matías, Sofía, Nicolás, Cilene, Sandra, Jairo,…}

Por lo tanto, según este enfoque, es cierto que hay sudamericanos pero falso que existan sudacas. Afirmar la verdad de lo último es vivir en un mundo de ficción o, dicho de otro modo, sustentar una narrativa que, en este caso, cimenta la xenofobia. La única manera de no alimentar este tipo de corrupción moral es, por lo tanto, negar la tesis de la identidad de plano y, como consecuencia, adoptar una forma de monismo semántico (i.e., no bidimensional) de los términos peyorativos.

La teoría de Hom y May está lejos de agotar las opciones analíticas que se pueden encontrar en la bibliografía. Si elegimos mencionar esta y no otras, es solo para dejar sentado nuestro desacuerdo. Comprometerse con alguna forma de dualismo semántico con respecto a los insultos de grupo, no supone de ningún modo comprometerse con una moral corrupta. Remitimos a Orlando (2020) para una crítica lúcida a Hom y May, en especial, a su posición sobre el contenido moral de los insultos de grupo.

[…]

Una posibilidad, que ofrecemos a modo de conjetura final, es que los estereotipos, concebidos aquí como teorías vagas y desinformadas de ciertos grupos humanos, podrían modelarse como conjunto de proposiciones en un sentido muy similar, aunque no idéntico, al de la Base Modal de Kratzer (véase el capítulo 9). Es decir, proponemos modelar mesta dimensión adicional de contenido no como una proposición sino como un conjunto de proposiciones que, tomadas en su totalidad, constituyen una cierta ideología. Esto es una diferencia con Orlando y Saab, quienes, como vimos, consideran que el estereotipo está constituido por una lista abierta de conceptos. Sin embargo, la diferencia no es sustancial, puesto que, bajo esta nueva reconsideración, el conjunto de proposiciones que constituye el estereotipo se forma a partir de una lista de conceptos aplicados a un determinado grupo social. Esos conceptos son, pues, los mismos de Orlando y Saab.

[…]

Por lo tanto, será el contexto el que determinará el valor del estereotipo en cuestión. Que el contexto sea tan amplio como el trasfondo cultural y político de una sociedad dada no debería importarnos demasiado. Es, de hecho, exactamente lo que queremos, pues no es la semántica la que puede darnos el significado final de un estereotipo vigente en cierta comunidad. Ni siquiera es el lenguaje. Los estereotipos son formaciones sociohistóricas complejas que van cimentando prácticas sociales opresivas, también complejas, que constituyen la base de la segregación. No hay dudas de que el lenguaje sirve a los fines de vehiculizar y, muchas veces de sostener, esas prácticas, pero estos sentidos que el lenguaje vehiculiza no están determinados por este. En este sentido, entonces, el límite de lo que es posible formalizar se puede expresar como sigue:

(43) ⟦Estereotipo⟧g,w<<s,t>,t>> = λp. ∃P<e,t>[P ∈ C ∧ p = [λw. P(X)(w)]]

Esta fórmula no expresa más que lo dicho antes en palabras, a saber: que un estereotipo puede modelarse como un conjunto de proposiciones que constituyen cierta ideología xenófoba, misógina, racista, clasista, etc. El contenido de P aplicado a cualquiera de los grupos estigmatizados es, entonces, aquello que viene dado por fuera del lenguaje o, más precisamente, aquello que es necesario combatir mediante acciones políticas concretas.