La familia global de BTS, por Alcides Rodríguez.

En la cresta de la ola internacional del K-Pop, BTS es la banda del momento. Un crecimiento imparable, millones de fans en todo el mundo, un Estado surcoreano que apoya fuertemente la industria cultural del país. 

En 2013 la banda surcoreana BTS hacía su debut con un éxito moderado. Siete años más tarde es uno de los fenómenos de música pop más importantes del mundo. Sus álbumes venden millones de copias y abordan temáticas como el individualismo, la pérdida o el amor propio. Hacia 2015 realizaron sus primeras giras importantes por otros países. En 2016 su disco Wings fue muy elogiado por la revista Rolling Stone. A partir de ese momento su ascenso no se detuvo más: conciertos multitudinarios en Corea y Japón, múltiples premios. En 2018 llegaron a la consagración mundial con su gran gira por Norteamérica, Asia y Europa presentando su disco Love Yourself, del que se vendieron diez millones de placas sólo en Corea. Una nueva gira en 2019 agotó las localidades disponibles en todos los estadios en donde actuaron, desde el mítico Wembley hasta el Rose Bowl de California, cuyo éxito de taquilla superó records históricos de artistas como Taylor Swift y U2. También llegaron a actuar en el estadio Rey Fahd de Ryad, siendo la primera banda extranjera que logra tocar en Arabia Saudita. Debido a la pandemia en 2020 realizaron dos conciertos virtuales, que también agotaron todas las entradas. Fue la banda que más rápido colocó cuatro álbumes en el número 1 en la prestigiosa Billboard, igualando el récord de los Beatles en 1968. La revista Time los nombró “Líderes de la nueva generación” y en 2018 dieron un discurso en la 73° Asamblea General de las Naciones Unidas en apoyo a UNICEF.   

Los éxitos de BTS están lejos de agotarse en esta breve lista. Los videos de sus canciones son muy cuidados, se ruedan en distintos lugares del mundo y pueden verse en las redes. El mes pasado su video del tema Dynamite subido a Youtube tuvo más de 284 millones de visitas. La banda está en permanente contacto con sus millones de fans en el mundo reunidos bajo el nombre de ARMY. Dialogan en las redes y en los recitales, muestran videos de sus viajes, almuerzos, juegos, charlas, momentos de intimidad, errores, bromas, miedos y frustraciones, todo muy bien editado, a la manera de un reality. Es así como ARMY experimenta la sensación de formar parte del mundo de sus ídolos. Incondicionales, por momentos el vínculo se parece a una relación amorosa virtual. Sin ARMY, dicen los artistas en todo momento, no existirían. Y también dicen que BTS, ARMY y Big Hit Entertainment, el sello discográfico que los produce, son una única y gran familia. Con todo el peso que esa palabra tiene en la cultura coreana. 

En sus orígenes BTS fue un típico producto K-Pop de la industria cultural de Corea del Sur. Como suele suceder con las boy band asiáticas, Big Hit seleccionó a sus miembros y los preparó cuidadosamente para el estrellato. El gran salto internacional sorprendió a todos: nunca antes una banda musical surcoreana llegó a la trascendencia que hoy en día tiene BTS. También es un suceso económico: en 2018 se calculó que el impacto de BTS para la economía surcoreana fue de alrededor de tres mil seiscientos millones de dólares. Este año de 2020, cosa inédita también, se convirtieron en accionistas de Big Hit. 

El Estado surcoreano brinda un apoyo muy fuerte a la difusión internacional del K-Pop. “Estamos hablando – afirma en una entrevista reciente Park Yang-woo, ministro de Cultura, Deporte y Turismo –  de un mercado que mueve unos 110.000 millones de dólares al año, con una gran influencia indirecta en otros sectores industriales como la cosmética, la alimentación o los electrodomésticos. Y que también mejora la imagen del país y a diplomacia”. Fue en los años noventa cuando el Estado surcoreano impulsó su política de respaldo a la industria cultural. “Estamos – continúa Park – invirtiendo agresivamente en la industria cultural, ayudando en todo el proceso: desde la planificación y la producción hasta la distribución y la promoción. Para nosotros es industria nacional estratégica”. El apoyo se adapta a cada sector y sus necesidades, pero en general reviste las formas de subsidios directos, ventajas fiscales y flexibilidad en las regulaciones. Lo público y lo privado se unen para impulsar la expansión de la llamada ola cultural coreana en los mercados en el mundo. “No hay que olvidar – dice Park – que la ola es K-Pop, las telenovelas y las películas, pero también otros contenidos culturales tradicionales, como la literatura coreana, la danza, la moda o la gastronomía. Esperamos que en un futuro cercano estos valores más tradicionales lleguen a difundirse por todo el planeta”. Tras otorgarle a BTS la Medalla de Cultura Hwagwan del Ministerio de Cultura, el actual presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, dijo que esperaba ansioso por “el papel de presentar nuestra cultura coreana por el mundo con un poder explosivo como dinamita”, haciendo referencia al último éxito de la banda. 

Pocos monarcas en la historia tuvieron la claridad de Luis XIV para utilizar el esplendor artístico y cultural como arma para lograr la hegemonía política, militar y diplomática de Europa. Cuando aún estaba bajo la tutela del cardenal Mazarino el joven Luis trabó amistad con el músico italiano Giovanni Battista Lulli, que más tarde se nacionalizó y tomó el nombre de Jean-Baptiste Lully. Ya en el trono le encargó la creación de la Académie Royale de Musique para dirigir los asuntos musicales de su reino. Cortesano astuto, Lully controló por años el quehacer musical de Francia. Conciertos, óperas, ballets, tragedies lyriques, tragedies en musique… todo lo que se representaba o tocaba pasaba primero por su escritorio. Y de allí iba a las demás cortes europeas. Un siglo más tarde Napoleón Bonaparte seguiría de cerca las enseñanzas de Luis y Lully. “Ninguna ópera – decretó en 1810 – podrá ser representada sin mi autorización”.

El plan de Corea para dominar la cultura global, tituló de manera algo paranoide el periódico español que publicó la entrevista al ministro Park. Por el momento Corea del Sur no ha manifestado aspiraciones de dominación mundial, pero nunca se sabe. En el siglo de las redes Park habla de difundir contenidos tradicionales coreanos por todo el mundo. BTS y sus millones de fans establecen modos de relación virtual que por momentos siguen formas propias de la cultura coreana. Más aún, este año los miembros de la banda le enseñan a ARMY la lengua coreana. Entre el Estado absolutista del Rey Sol y el moderno Estado de Corea del Sur hay más de tres siglos de distancia. Pero en ambos una cosa está clara: el lugar de la cultura cuando se piensa en expansión del país, sea en la esfera político-militar o en la economía global.  

Alcides Rodríguez

Buenos Aires, EdM, octubre 2020