Sobre Doble Par, de Agrimbau-Ginevra y Santullo-Greco, por Grisel Pires dos Barros

Doble Par es por lo menos tres cosas: una mano de poker; una competencia de remo donde en cada bote reman dos; y una historieta hecha por dos duplas de autores en plena cuarentena, a manera de juego, donde cada entrega es un round y cada round lo reman dos autores: Diego Agrimbau y Dante Ginevra reman los rounds impares, mientras que Rodolfo Santullo y Diego Greco se encargan de los pares.

La cosa empezó así. Santullo (escritor de guiones, novelas y cuentos, con domicilio en Montevideo) dice que apenas empezó la cuarentena cayó en la cuenta de que este año no iba a poder viajar a Argentina; ni mucho ni poco, sino nada, y ahí nomás empezó a extrañar. Charlando con Diego Agrimbau (guionista y docente de talleres de historieta, con domicilio en Buenos Aires) sobre la escritura y la productividad y los impactos de la cuarentena en ellas, idearon un juego. Para jugarlo, llamaron a Dante Ginevra (dibujante, historietista, animador, con domicilio en Buenos Aires). Los tres se conocían desde Historietas Reales, el blog que, en el desierto de revistas donde publicar que dejaron los años 90, fue refugio y punto de despliegue de la historieta argentina gracias a la publicación de historias en entregas semanales. Allí aparecieron El Asco, de Agrimbau y Ginevra, y Cena con amigos, de Santullo y Marcos Vergara, folletines web que se convirtieron después en libros y se fueron acompañando de muchos otros libros producidos por sus autores. Agrimbau y Ginevra se conocían en realidad de antes; ya desde el colegio Fernando Fader donde empezaron a confabular historietas. Por las características del juego que se preparaban a jugar, necesitaban sumar otro dibujante, y además necesitaban que los estilos de ambos dibujantes fueran “compatibles”, de modo que los personajes de round en round no alternaran entre Jekylls y Hydes, o Hulks y Bruce Banners, o… bueno, se entiende. Y ahí pensaron en Diego Greco (dibujante de historietas e ilustraciones, con domicilio en Banfield), le preguntaron y dijo que sí. 

El juego tiene un tablero: la zona en torno a la plaza Güemes, en el barrio porteño de Palermo. La historia se desarrolla en cuarentena. Cada round consta de cuatro páginas, y la sal del asunto está en que cada dupla le pase a la siguiente un buen desafío, un problema entretenido de resolver, que para quienes leemos entrega a entrega funciona como doble gancho: en el plano de la historia misma (¿qué pasará ahora?) y en el juego entre autores (¿qué van a hacer los otros con la bomba que les dejaron?). El cambio entre rounds propone en principio también un cambio entre dos puntos de vista (que se presentan en los primeros dos rounds), aunque la propia dinámica de los desafíos irá abriendo a otras perspectivas a medida que el relato avance. Para subrayar la idea de la alternancia de duplas entre rounds, verán que cambia también el color en que se desarrolla la historia, pero una vez que la mirada se acostumbre, a partir del 8º round, los colores irán funcionando de otro modo. La partida inició en abril, y todavía está en desarrollo.

Escritores del Mundo invita aquí a sus lectorxs a degustar los primeros dos rounds, y no sólo eso: ya hay un total de diez disponibles en el sitio de Doble Par, a los que se sumarán futuras entregas. 

Quienes acepten seguramente tendrán una experiencia de lectura diferente a la de quienes fuimos leyendo las páginas a medida que se publicaban, al menos en este primer tramo de la historia. No solamente por las características propias de un folletín y la diferencia entre leerlo con dilaciones entre episodios o todo acumulado, cual maratón de Netflix, sino también por la particular experiencia del tiempo en cuarentena, que se va construyendo como hecho histórico con la sensación de una lenta espera mientras un desarrollo velocísimo de los acontecimientos borronea ya las primeras percepciones encimándoles sucesivas nuevas capas de sentido. Quiero decir: los “mierda, mierda, mierda” no resuenan hoy del mismo modo que en el silencio atronador del arranque de la cuarentena. Ni hablar de los sentidos asociados a la policía en abril, cuando aparecieron los videítos de gendarmes “bailando” pibes. Tampoco es lo mismo leer las primeras entregas de esta historia cuando todavía no estaba la indicaciòn de uso de tapabocas, o ahora que hasta los últimos chistes de barbijos fuera de lugar van envejeciendo. Tapabocas. Desinfección. Geriátricos. Pangolines. Terapia por videollamada. ¡Vida salvaje volviendo a las ciudades! Doble Par entró a jugar y a reírse de todo ni bien empezó la cosa. Vean, si no, el modo en que abordan la muerte en el primer round. Apenas se cerraron las puertas, Doble Par sacó la ficción a pasear. Con los autores plenamente localizados en cada rincón de sus respectivos domicilios, puso a la escritura en juego en la red, y a la ficción, en la calle. Cada entrega era un airecito. Y todavía falta. 

Ante la pregunta por el final, tan presente en estos días, los autores responden que andarán más o menos por la mitad de la historia. Después del juego inicial en el que fueron subiendo la apuesta sideralmente (me dejás un gato gigante al final de tu episodio, te devuelvo una manifestación de furries), los guionistas ordenaron los elementos en juego y calculan que restará otro tanto por contar. Los tiempos de publicación también fueron variando; hubo meses de 16 páginas y otros de 4, pero la historia no se detiene. Agrimbau, Santullo, Ginevra y Greco cuentan que ellos mismos reciben con ansiedad el trabajo de cada uno de los otros: los nuevos guiones, las páginas recién dibujadas. Y no sólo eso: tienen también curiosidad por lo que estará pasando entre lxs lectorxs que les siguen el juego. 

Un buen lugar donde esa curiosidad se encuentre con las impresiones de quienes pasen y lean es el espacio para comentarios que queda aquí al pie.

Grisel Pires dos Barros

Buenos Aires, EdM, septiembre de 2020