A propósito de Desierto y Nación II: estados, de Guillermo Korn y Matías Farías, por Sebastián Russo

Desierto y Nación II: estados de Guillermo Korn y Matías Farías

Caterva, 2019, 160 páginas

No hay que temer de partir y volver, compañeros.
Raúl González Tuñon/ Tata Cedrón

Benjaminianas

Las reminiscencias a Walter Benjamin abren -insistentes- este libro, en la palabras de directores de serie y prologuista. Abren quizás todo libro, intérprete y operador cultural como fue/es WB, otorgando y obligando una clave de lectura de la ruina, el despojo, pero también, y desde allí, lo intempestivo, la potencia montajística. Las ruinas del montaje (maquinal, capitalista) junto a las ruinas como montaje (vanguardista, antifascista).

Insistencia que no contradeciremos sino que acentuaremos. Siendo que a Benjamin le han endilgado filiaciones de lo más diversas, diremos que tanto la cuestión de la frontera (hombre de entreguerras, de adscripciones académicas y escrituras liminares), como la pregunta/vivencia de la “experiencia”, en tanto engendradora de la “chispa revolucionaria”, que atravesó (la primera) a Mansilla y a Martí (ambas) hacia fines del siglo XIX, anidaban ya al Walter mentado, en su entender luego, de hecho, a esa época (la martiana, la mansillesca), como germinal tanto de la razón instrumental como de la razón revoltosa (y una cosa por otra).

Imaginación (con) política y fronteras (de/como) revueltas, pues, tales los ejes de lectura que Verónica Luna en el prólogo propone de este libro. El sueño y la vivencia, y una en/por otra, como refulgencias benjaminias que guían el derrotero americano.

He aquí pues, si no un Libro de los Pasajes, un Libro de las Fronteras. De la París de Baudelaire a la Nueva York de Martí. De la experiencia arrasada de los que vuelven de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, a la experiencia vital, abarrocada y picaresca de Mansilla en tierra ranquel (post guerra del Paraguay, pre guerra contra el indio pampeano) De los pasajes citadinos a las fronteras vivienciales, fundamentales/fundamento tanto de la configuración del ethos revolucionario martiano (es decir, cubano, es decir, latinoamericano), como de la configuración nacional argentina, con el “problema del indio” y de la tierra (las palabras, las cosas aquí también se autocondicionan: una por otra) como fundamento de la constitución colonial/étnica latinoamericana hasta nuestros días.

Martí, por caso, en la lupa expansiva de Matías Farías, detectando mismos problemas que Benjamin pero en clave americana, viendo en el decline de lo cultual la emergencia de una lengua de mezclas, la crónica, la periodística, en tanto potencia política por “descentralización de la inteligencia”. Lo que en WB era el decline de la experiencia del narrador por la aparición de la información, en Martí es la emergencia de un nuevo sujeto (político).

Mansilla, en tanto, en el estilete saltarín de Guillermo Korn, visitado en gesto proto vanguardista, chispeante (“pareciome propicia la coyuntura para hacerme admirar una vez más”, “este negro es un verdadero filósofo, todo le da igual”), polemista (“Sarmiento no existe… es un sonámbulo… un adivino”), autor de una obra teatral de una gauchesca exótica (Atar gull o una venganza africana). En suma, un Mansillla inquieto y vital, en sus escrituras de tonos diversos y cronista agudo de su propia experiencia.

Pero hasta aquí la reminiscencia benjaminiana (que perdurará espectral, cómo no, pero nos haremos los distraídos).

Fronteras

Libro de Fronteras pues. Donde la referencia nacional/política se entronca con lo experiencial, lo vital. Mixtura que es sustrato de nuestras tierras, de allí estas biografías como síntomas, cristales. Fronteras pues de experiencias vitales del devenir otro. Fuerza viva, revolucionaria. ¿Puede haber revolución sin pasaje experiencial, sin movimiento interno radical, y este último, puede darse sin una exterioridad, sin un salir y volver al/del mundo, sin un viaje, sin viajar, sin conocer, “contemplar el mundo”? ¿Cuál es el vínculo de las biografías con la historia, puede una abjurar de la otra? Y no hablamos de géneros literarios, pero también. ¿Puede acaso hacerlo ante un instante donde los tiempos/las personas se solapan y refundan en uno: de peligro, de urgencia, límite? 

Libro de frontera(s) De la experiencia de/en la frontera. De permanecer en territorio enemigo vuelto amigo (mientras tanto y viceversa) La frontera como ámbito de espera, de acción latente, trasmutable (ser -con- otro). La frontera, también, como rasgo constitutivo, experiencial, límite (ser -apenas- esto). Libro de contornos. De la delimitación (imposible) de un yo que se define en acto. ¿Qué ser? ¿Quién ser? Dandy, viajero, humanista. Poeta, revolucionario, mártir. El límite de Mansilla parece estar en su exploración espacial (tan aristocrática como contempladora, conversadora de y con el mundo). El de Martí en su propio devenir (de poeta a revolucionario, aunque ya uno viviendo en y por el otro). Mansilla se define por/contra otro(s): ranqueles, Sarmiento. Martí en su periplo, en su repensarse, repensar el vínculo entre las Américas (la nuestra, la otra -en pensar/construir ese límite-). Ambos en la escritura, en el obsesivo acto escritural y de publicación dónde y como sea.

Libro (auto) biográfico (también). Y no solo porque narrar a otro es un narrarse, sino porque Guillermo Korn y Matías Farías ensayan biografías experienciales. Atravesándolas, como es propio del (des)género elegido, el ensayo, por las propias inquinas/intrigas/esperanzas. La fragmentación de la escritura de sus epígonos les preocupa. Como si fuera una preocupación de ellos mismos, de la época (y lo es) el cómo organizar un material para que incida, intervenga en la/una contemporaneidad. Una preocupación paradójica: la fragmentariedad de la obra/no obra de sus biografiados es al tiempo de ser inasimilable como un programa (al menos cuando iba siendo escrita, a diferencia, del que se expresa como la diferencia desde donde constituirse: Sarmiento) la que expresa la vitalidad de su escritura, de su vida-obra. Claro está, luego vendrá la tarea de los formuladores de leyenda, vitales, argamasa político cultural de la nación americana. Aquí los autores, por su parte, tomando parte en actualización mítica. Korn en sus Mansillescas eligiendo un anti sistema de fragmentos para el reino aristocrático de quien permite releer y densificar a su vez la cerrazón elitista sarmientina. Farías, para su Martí, construyendo un fortísimo aparato interpretador, un sistema para la derivosa nación martiana, en decidido plan de reinserte de sus claves en las actuales clavijas de una América nuestra a reconquistar/no perder. En ambos, el devenir escribiendo, el devenir de la escritura, el devenir de una nación, de una América, más/menos nuestra, se yergue en acto, en la pulsión de desentrañar, retraducir pasajes fundamentales de la literatura (y) política de estas tierras.

Estados

Los estados aquí invocados (así se denomina este segundo volumen de la serie Desierto y Nación -la primera con textos de María Pía López y Juan B. Duizeide) son estados con minúscula, estados vivenciales, espirituales, experienciales. Sobre todo, en Mansilla y Martí, un estado vitalista. De vidas/textos vitalistas, en estado de revolución permanente. Si bien las preguntas son distintas (la experiencia, la revolución) en ambos el mismo estadío de frontera difusa, potente, autoengendrante. Donde la escritura, el ser y el devenir (personal, nacional, americano) son un mismo fango creador. Y es en ese barro, donde también se encuentran, y perfilan un mismo embate, un mismo contrincante-síntoma: Sarmiento.

El estado con minúscula allí puede tener otra acepción. El de la filogénesis estatal que esa época encarnó. Quien entra, quien no, en esa ficción gubernamental. La escritura allí también como configuradora de mundo. Libros pergeñando Estados imaginarios, de estadíos más o menos alucinados, más o menos raciales, más o menos (r)evolucionados. Sarmiento imaginó la pampa sin haberla tocado (no como Mansilla), Sarmiento nunca dejó de imaginar una argentina farmer (no como Martí). El civilizado Estado Nacional sarmientino, adoleciendo del estadío ranquel, del estadío sindical. Adoleciendo del barro, del fango experiencial de un rancherío indio, que no se reduce en una díada (civilización/barbarie) sin fronteras difusas; del vivir la turbia disquisición interpretativa ante el asesinato estatal de trabajadores en la EEUU que parecía le pugnaba la “modernidad alternativa” a la vieja Europa. Allí Mansilla, allí Martí, otorgando claves de lecturas fronterizas, enchastradas de vivencia, para una América, menos con conflictos de “razas”, que como una “república mestiza”, de diferencias intrínsecas, constitutivas, no “educables”, ni homogeneizables, ni aplacadas con un delantal blanco. Por el contrario, síntoma y potencia de un estadío emancipable que no cesa. Y en relación primigenia (aquí) con un Estado (con mayúsculas) que en nuestras tierras puede ser tal vehículo (cual fortín/atalaya contra los embates de los primeros mundo enfundados en liberalidad -siempre y agudamente- externa) o dispositivo de oprobioso anti-americanismo. Tal tensión, vaya si aún vigente, recorre, y es motivo, causa y plan de acción de estas páginas.

Tal como el cierre del libro/del texto de Farías, nos lo informa: los estertores contemporáneos de aquellas gestas actuando como parangones de tradiciones revolucionarias alternativas, populares y latinoamericanas actuales; de la patria -grande- de la felicidad, al vivir bien –suma qamaña– aymara que recupera Evo Morales y al qatarismo como autodeterminación, historicidad e imaginarios propios que invoca Silvia Rivera Cusicanqui. Evidenciando que aquellas gestas (aquellas, estas) tuvieron en su principio y estado de aventura, no turística (“aunque haya viajado, Sarmiento, no tiene más que impresiones de turista”, vuelve sobre él el Mansilla de Korn), su potencia experimentadora, insurrecta, transformadora. Y es que, y parafraseando al Tuñon de Cedrón (otro gran “traductor” de herencias populares), “estamos en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven”. Pero diremos, desde este tal estado de frontera que evoca e invoca este libro, esta colección, que no solo “estamos”, sino que “somos (en) una encrucijada”. Y que no hay que temer, siempre el coraje es mejor.

Sebastián Russo
Buenos Aires, EdM, marzo 2020