Sobre D.F.Sarmiento: Una entrevista a Ernesto Romano, por Alcides Rodríguez

Ernesto Romano es un estudioso de la obra de Domingo Faustino Sarmiento. Ha publicado diversos trabajos sobre el tema y es director de Proyecto Sarmiento (www.proyectosarmiento.com.ar), una página web en la que se está llevando a cabo la publicación las obras completas, con versiones filológicamente ajustadas y acompañadas de estudios acerca de distintos aspectos de la obra de Sarmiento y otros intelectuales del siglo XIX argentino. En esta entrevista nos ha interesado indagar con él algunos de los costados menos difundidos de Sarmiento y su obra.

-Conversemos un poco de aquello que vos llamás el Sarmiento “Dionisíaco”, su costado más irracional, si se lo puede llamar así.

-Lo que a mí me interesa, a partir de la lectura de los textos de Sarmiento, es hallar ciertas peculiaridades que voy rastreando en base a la reiteración, porque en cualquier texto, y sobre todo en una obra tan grande como la del sanjuanino, si hay reiteraciones, es por alguna razón. Las cosas que aparecen una sola vez, o pocas veces, no tienen mucha importancia. Lo que interesa es la cosa obsesiva, aquellas historias y tópicos que se repiten constantemente, una y otra vez. Tomemos el ejemplo de los colores. Sarmiento le da mucha importancia al color. Se pregunta qué curioso color el colorado (Borges se preguntaba lo mismo en un poema). Le llamaba la atención por lo de Rosas: asocia a Rosas con el colorado y él se asocia al celeste y blanco. Como siempre hay una lucha de los colores, habla del odio de Rosas al celeste y blanco y del odio de él hacia el colorado. Y hay historias que confirman estas luchas: Mansilla, que por cuestiones familiares estaba distanciado de Sarmiento, reproduce algo que se contaba cuando Sarmiento entró en la Buenos Aires rosista con el Ejército Grande. Los porteños tenían la obligación de poner banderas celestes y blancas en las casas de la ciudad; y en realidad ponían las banderas que tenían a su disposición. La familia de Mansilla pone una bandera colorada con un agujero en el medio, que era el agujero en donde estaba el sol; en realidad se trataba de una antigua bandera celeste y blanca teñida de rojo a la que le habían sacado el sol. Cuando Sarmiento la vio, arremetió contra esa bandera roja con el sable para meterlo dentro del agujero, como si fuera un toro. Según dijo después, no lo pudo evitar. Mansilla pensaba que había sido algo contra la familia, pero Sarmiento dice en un escrito que en realidad lo que ocurrió es que se irritó por el color de la bandera. En otros textos relata la entrevista con Rosas de un militar que tiene en la mano un ramito verde. El militar quería hablar, pero Rosas no paraba de caminar. Entonces la hija de Rosas le dice: “es el verde, si Ud. deja el ramito, va a parar y podrá hablar”. El militar le hizo caso, Rosas paró de caminar, y finalmente pudo hablar. Los colores representaban para Sarmiento estados de ánimo, o también los generaba.

– ¿Y qué otras reiteraciones de este tipo podrías rescatar aquí?

-Son constantes. Al día siguiente de la batalla de Caseros se mete en Palermo, en la residencia de Rosas que ya estaba abandonada. Se sienta en el escritorio de Rosas para escribir con la pluma de Rosas el parte de la batalla para después publicarlo en el folletín. Y allí encuentra los folletines que él había publicado, atados con una cinta roja, y dice: “les habrá gustado, porque no los tiró”. Días después, cuando él abandona a Urquiza y se va al exilio, habla de esa cinta roja que envuelven sus textos. De alguna manera está unido a Rosas; es como un vínculo de él con Rosas, porque los dos están exiliados, sus textos estaban en el escritorio de Rosas, en donde escribió… y cuando se va al exilio, en el barco hace amistad con Mansilla, que era el que lo había bombardeado en la batalla de El Tonelero. Sarmiento es condecorado porque estaba en el barco bombardeado por Mansilla. En Río de Janeiro no entendían porqué iban juntos al teatro. Lo curioso es que él dice que al hacer amistad con Mansilla hizo amistad con el hermano de Rosas. Mansilla era “hermano” político de Rosas porque estaba casado con la hermana de Rosas, pero Sarmiento lo transforma en hermano. El escritorio, la pluma, la cinta, el exilio, el hermano, todas están cosas él siente que lo unen a Rosas. Y curiosamente Rosas va a estar llamado a ocupar un lugar muy especial: será el “padre” de Sarmiento.
-¿El “padre” de Sarmiento?
-Sarmiento tuvo toda una serie de conflictos con el padre. La parte buena del padre la pone en otros, en José de Oro. Pero la parte mala la tiene que poner en algún lado. Incluso hay una cuestión: Rosas también se llama Domingo, uno de los nombres de Rosas es Domingo. Aquí hay otro vínculo con él. Una de las figuras asociada al padre de Sarmiento, porque el padre era mujeriego, es el de Don Juan, que también es una figura diabólica, como el Fausto. Él dice que en todas las culturas hay una especie de Don Juan, y el Don Juan que pone en la nuestra es Don Juan Manuel de Rosas. En España es el Don Juan Tenorio, en Alemania es el Fausto. Sarmiento era Faustino, pero él mismo aclara: Faustino, no Fausto. Tenemos una división de personajes en la figura del padre, y esto viene de su propio padre. Por un lado, su padre era un tipo violento, borrachón, jugador, mujeriego, ahí viene lo de Don Juan, el que traiciona a la madre. Entonces Sarmiento crea una serie de personajes, lo que yo llamo el retablo Sarmiento, donde aparece una sagrada familia, que es él y la madre. La madre tiene un lugar especial: la compara con la Virgen. La madre iba todos los sábados a hablar con la Virgen, pone a la madre en un sitial absolutamente ejemplar
-Esa es la imagen que se encuentra en los textos escolares.
-Claro. Y él era como una especie de niño Dios. Los padres sustitutos que él se busca, como este José de Oro, son curas, son el José bueno, el José que no toca a la Virgen. Porque el drama del padre es que le tocaba a la madre. EL padre llegaba, borrachón, después de estar mucho tiempo afuera, sin dinero, la golpeaba, la dejaba embarazada, y después se iba. Ella por lo general perdía a los hijos, porque estaría mal alimentada… hay diez hermanos muertos.
-¿Y esos hermanos muertos entran en el retablo?
-Sí, entran. Pero Sarmiento nunca habla de sus hermanos muertos. No habla ni siquiera del hermano muerto que era más grande que él. El tenía siete años e iba al colegio con su hermano de diez, Honorio. Ese Honorio muere y él no lo menciona jamás. Yo sé de todo esto por la hermana de Sarmiento, que hace como una pequeña biografía de su hermano, ya grande, y menciona lo de los hermanos muertos, aunque no a todos. Yo tenía la teoría de que Honorio había muerto mordido por un perro, de hidrofobia, porque se me amontonaban los niños muertos y los perros rabiosos, y las cuestiones con perros.

-¿Es esta cuestión otro de esos tópicos que se repiten?

-Sí, este tópico se repite constantemente, con mucha fuerza. Como el tema del tigre, que entra igual el terreno del perro, en el tema de la fiera. Yo llegué a clasificar cien menciones al tigre en toda la obra de Sarmiento, incluyendo los textos que no están en las Obras Completas. Hay una cantidad de variaciones sobre el tigre enormes.

-La figura del tigre nos conduce sin lugar a dudas a Facundo Quiroga.

-Sí, sí. La figura tiene algo muy primitivo, muy atávico. En los ritos de iniciación de muchos pueblos primitivos el padre es el que hace de animal totémico que es el tigre. Es como que el hijo enfrenta al tigre. Y una vez que lo mata, es el tigre. Facundo, ¿por qué es el tigre? Porque mata al tigre. El que mata al animal, toma el poder del animal. Cuando Facundo aparece en el Facundo, viene escapando de un tigre, y se sube a un árbol. Y el tigre espera abajo para comérselo. Hasta que vienen sus allegados y le espantan al tigre. Después, Facundo lo mata. Por eso, una vez que mató al tigre, Facundo pasa a ser el Tigre de los Llanos. Y después hay toda una serie de historias con los tigres en el Facundo: los chipangos, los soldados de Quiroga, se convertían en tigres en las batallas. Justamente, porque están bajo el dominio del tigre toman los atributos del tigre. Todo esto remite a toda una mitología del hombre que se transforma en tigre. Esto lo cuenta el Gral. Paz: sus soldados tenían miedo porque creían en esta metamorfosis de los chipangos. Ahora bien, hay historias en donde Sarmiento cuenta que el tigre es él, invierte la cosa. Él vuelve a hacer el relato sobre lo del tigre cuando está en San Juan, esperando que llegue el Chacho Peñaloza. En la trinchera relata una historia muy parecida a la del Facundo, pero el que se sube al árbol es él, y Peñaloza es el tigre. Al final llega el mensaje de que Peñaloza fue capturado muerto, que es lo que ocurre con Facundo cuando baja del árbol y mata al tigre. Ahí el tigre es él. Vuelve constantemente sobre el tema del tigre, y hace inversiones del mismo. Hasta llega a tener un tigrecito chiquito.
-Volvamos a los hermanos muertos.
-Sarmiento no habla de sus hermanos muertos, pero dice que, siendo niño, durante años vio a la noche pequeños fantasmas en torno a su cama. Lo venían a visitar y él tenía miedo de que se lo devoren. Siendo adulto pensaba que estas alucinaciones se debían a los gases tóxicos del brasero nocturno. En realidad a Sarmiento le interesaban las intoxicaciones. Cuando en Italia visitaba las grutas de Capri, en la sulfatara de allí, salía intoxicado, y luego a la noche tenía sueños terribles, con la muerte de la madre y demás… Él siempre está manejando ese tipo de cosas. Entonces, a él de los hermanos lo tiene que haber indudablemente afectado porque vivía en una casa muy chiquita, la madre paría ahí, nacían muertos, debe haber visto los fetos… un pibe curioso, ve parir a la madre, los fetos al día siguiente quedarían allí en la mesa. Todo eso tiene que haber influido. Por eso es que cuando hay algún paisaje de tipo arqueológico en Sarmiento siempre aparece algo que es como un niño muerto. O sea es algo en posición fetal, rojo, sangrado…Incluso cuando él relata lo de la cinta colorada, parece como un hilo de sangre. Mucho antes de asociar el rojo a Rosas, lo asocia al que considera que es el padre de los caudillos, que no es Facundo. El padre del caudillaje es José Miguel Carreras.
-El caudillo chileno que le dio más de un dolor de cabeza a los gobiernos revolucionarios de Buenos Aires durante la primera década revolucionaria.
-Cuando habla de Carreras como el padre de la montonera, dice que cortaba cintas rojas y decía que eran para los enemigos. Sarmiento pone el color rojo allí, mucho antes de que Rosas hiciera su aparición en la historia argentina. Y en otro momento dice que hay que considerar (es una de las asociaciones más increíbles de Sarmiento, la hace sin darse cuenta) al Facundo como un niño aterrado que está tomado de la mano de su madre. En realidad ése es él a los nueve años, tomado de la mano de su madre en una iglesia: ése es el Facundo. Y está aterrado porque en realidad, el tipo que viene de afuera, que es una bestia que viene a matarlo, es el padre. Cuando el padre venía primero le sacaba a la madre, después lo golpeaba, y después golpeaba a todos. Ése era el terror del pibe a los nueve años. ÉL dice que estaba solo en la iglesia matriz con la madre; el padre no estaba. Por eso todos los personajes de Sarmiento son ambiguos.
-Y él también, sin dudas.
-Bueno, él es el rey de los ambiguos. Por eso también lleva adelante la defensa del peor. En algún momento defiende al mismísimo Rosas.
-Defensa bastante sorprendente, por cierto.
-Cuando por ejemplo dice: por qué voy a robar yo si Rosas no robaba. En el mismo prólogo que escribió a pocos años de su muerte para el libro de Ramos Mejía sobre la neurosis de los hombres célebres de la Argentina, afirma que no hay que tomar todo lo que él dijo como cierto, porque muchas cosas las dijo en el fragor de la contienda. Por eso hay también tanto elogio a Rosas: cuando dice que es grande como los Andes, o cuando dice que él ha vivido y vive para hablar de Rosas, o para escribir sobre Rosas. Cuando vos hacés toda la referencia a otro, el otro es grande. A Sarmiento se le mezclan las dos cosas, la admiración y el repudio. Tenía un retrato de él, y decía que era para recordarlo. Por eso con Sarmiento todo es siempre muy complejo. Cuando Mary Mann traduce el Facundo al inglés le cambia el subtítulo, le pone algo así como “vida en la Argentina”. Y a Sarmiento le pareció bien, porque en un país como el nuestro es muy difícil saber de qué lado está la civilización y de qué lado está la barbarie. Incluso Bartolomé Mitre recordaba siempre a Rosas, agradecido por haberle salvado la vida.
-¿Mitre salvado por Rosas?
-Claro. Mitre siempre estuvo agradecido con Rosas por eso. Cuando Mitre era chico trabajaba en la estancia del hermano de Rosas. En un momento éste lo manda a buscar alguna cosa, y le dice que cruce un río en tal lado. Cuando va a cruzar el río, del otro lado lo ve Rosas y le dice: “joven, ¿cómo va a cruzar el río por ahí?”. Mitre le respondía que su patrón le había dado la orden. “Ese no sabe lo que le dice. Si Ud. cruza por ahí es finado. Mejor cruce por acá”, fue la respuesta. Y Mitre después confirma la verdad de lo que le había dicho Rosas. De allí su eterno agradecimiento, que seguramente estaba mezclado con admiración. Acá lo que hay que entender es que cuando una persona ocupa en la historia de un país un lugar como el de Rosas, que gobernó el país por veinte años con indudable apoyo de mucha gente, lo ocupa porque es representativo.
-Una vez me contabas que Sarmiento era fanático por los cementerios. ¿A qué se debe esta inclinación?
-Sarmiento era muy necrófilo. Acá hay toda una cuestión: en esa época, en el momento de la formación del país, todos los pueblos que se forman tienen el problema de darse el origen. Porque un pueblo no se origina en un papel que se escribe, en un contrato. Hay toda una serie de elementos de orden irracional que juegan su papel en el problema del origen. En realidad preguntar por el origen de la patria no tiene mucho sentido, porque la patria no tiene origen, no puede haber algo antes. Con la patria se inicia todo, y esta cuestión se tiene que resolver. Ese darse el origen de alguna manera siempre tiene que ver con un parricidio, con eliminar al otro. Este asesinato en nuestro caso es el de España. Y es algo muy fuerte que nosotros hoy no captamos: dentro de cada familia había gente que era realista… no era que un tipo se oponía sólo a España; se oponía a todas sus tradiciones familiares. Incluso había algo de nostalgia; si bien había odio, España era lo peor de lo peor, por otro lado esto también generaba culpa. Por eso cuando Sarmiento se pregunta ¿qué es ser argentino?, se responde: es ser traidor. Lo plantea en esos términos. Se trata de darse un origen matando al otro, y esto en Sarmiento es muy pero muy fuerte. Y hay que vincularlo al padre. La primera vez que aparece su padre en su texto autobiográfico se está en presencia de un español, o por lo menos lo pone como español. Él dice que lo va a asesinar, el padre lo acusa de parricida… es todo un relato que gira en torno a la fundación y al parricidio.
-¿Y cómo encaja aquí el cementerio?
-Y eso es parte del origen. Como el origen de alguna manera tiene que ser absoluto, son los muertos, los que ya fueron definitivamente y quedan sacralizados por ser el origen. En su texto sobre los cementerios Sarmiento dice que vamos hacia los muertos en busca del origen. Vamos a tomar la savia que el origen tiene. Si nos quedamos sin origen nos quedamos sin identidad. El tipo que no tiene padre no es. Un animal no es, no tiene nombre. Sin nombre no hay origen, y sin origen no hay nombre.
-Es de suponer entonces que pensando en el diseño de su tumba habrá tenido todo esto en su cabeza.
-Sarmiento dejó indicaciones acerca de su tumba. Hay un texto suyo en el que hace descripciones que no fueron respetadas completamente. Él quería que su tumba estuviese, dentro del cementerio de la Recoleta, sobre una especie de colina o montículo, un lugar elevado, al estilo de las tumbas de algunos próceres norteamericanos. Deja también el epitafio, que le gustaría que Velez Sarsfield se lo traduzca al latín, y dice también que le gustaría tener una imagen de Mercurio, que sí está en la tumba en la placa que es obra de Víctor de Pol, en donde pone el epitafio y aparece la imagen de Mercurio con el caduceo…
-¿A qué se debe la inclusión de Mercurio?
-Bueno, Mercurio es el que comunica con los muertos y también es el símbolo de la creación y de la industria. Y todo esto no es antagónico: se puede crear porque se está vinculado a la muerte. Mercurio es eso, es el tipo que visita el infierno…
-Además es el mensajero de los dioses.
-De los dioses y de los muertos, porque los visita. Para Sarmiento, y esto es lo más rico, el cementerio es la patria de ayer, es la patria de hoy y es la patria de mañana. En él la patria es algo vinculado a los que fueron, a los que están que heredan y viven por los que fueron, que a su vez viven gracias a los que están, y por los que van a estar. Por eso cuando habla de la tierra, de la repartición de la tierra, una de sus preocupaciones es que si se sigue así no van a quedar nada para los que van a nacer. Porque el país ya es de los que van a nacer. El país, la nación, es para siempre. Uno de los dramas que tenemos hoy en día es sólo el presente. Hoy llega el Bicentenario y resulta que hay alguna que otra celebración y no mucho más. Nosotros vivimos en una nación que casi no es tal porque tiene poco pasado, y no tiene casi futuro. Lo de las deudas externas es eso: que se embromen los que vienen. Y los que vienen nacen pobres, nacen endeudados. En vez de dejarles un país, les dejás una deuda. Sarmiento tenía mucha preocupación por eso. De ahí que dijese que no se podía repartir la tierra de forma tan injusta e indiscriminada, porque esa tierra es de los que van a nacer. Un verdadero estadista. La visión del político argentino actual es: después de mí el diluvio. Una nación, un país, es algo que existe por siempre, míticamente desde el pasado.
-Como se sabe, Sarmiento era fundamentalmente un autodidacta. Pensando en sus lecturas vos siempre rescatás la fuerte relación que tiene con el Robinson Crusoe.
-Lo de Robinson sigue estando muy vinculado a todo esto. Sarmiento se ve a sí mismo como un Robinson. Es un niño excepcional, en una isla como es la provincia de San Juan en ese entonces, en donde no hay nada. Sentía que ese hombre solo, que tenía que hacerse a sí mismo y que no contaba con nada, era él. No hay que olvidar que Robinson está en la isla por estar peleado con el padre. Para Sarmiento el Robinson Crusoe es la historia bíblica del hijo pródigo, que se va y después siente que está siendo castigado por haber dejado al padre. Por si fuera poco, también cae en sus manos un libro que se llama Desiderio y Electo, que fue un regalo de su maestro. Este libro tiene mucho que ver con el Robinson Crusoe, pertenece a la misma tradición y es anterior al libro de Defoe. Es una tradición de libros pedagógicos tienen un origen difuso que no puedo encontrar bien cuál es porque se pierde en el tiempo. En ellos hay un personaje solo en una isla, y llega otro que lo educa, donde en realidad el que va a educar recibe en parte educación del otro, que es como ocurre entre Robinson y Viernes. Viernes tiene cosas que Robinson no tiene: conoce muchas cosas, tiene una bondad natural… Por eso el libro que Rousseau recomienda enfáticamente para leer es el Robinson.
-Allí estaba el buen salvaje.
-Claro. En el caso del Desiderio y Electo, Electo es un niño que está solo en una isla porque sobrevive a un naufragio en el que muere su madre. Este niño es criado por los animales, hasta que aparece Desiderio, que es el maestro. A la manera de la Divina Comedia el maestro lo lleva a ver todos los reinos, y también el infierno, en donde ve a sus padres castigados por no haber educado a sus hijos, que parecen ser la imagen de su padre.
-¿Es este texto una de sus lecturas de infancia?
-Sí, el padre lo obliga a leerlo. Sarmiento mismo lo dice: “mi padre me hizo leer sin piedad pese a mis cortos años el Desiderio y Electo y otras lecturas abominables”. Es la misma historia que se repite con Benjamin Franklin, que también se llevaba mal con el padre. El padre de Franklin tenía una buena cantidad de libros terribles, piadosos… el equivalente al Desiderio y Electo es el Libro del peregrino, que Franklin lee, y que tiene el mismo argumento, es un tipo que esta solo, se va… la historia es la misma. Y otro de los libros favoritos de Franklin era el Robinson Crusoe. Y Franklin se va de la casa también, tiene como un naufragio… Cuando Sarmiento lee la autobiografía de Franklin, entra como un caballo. Recuerdos de provincia tiene mucho de las memorias de Franklin. Es el tipo que se hace solo, es autodidacta, se lleva mal con el padre, es pobre, es impresor, es escritor, lucha contra los tiranos, lucha por la libertad de su patria… es Sarmiento. Él siempre dice: “yo era un franklincito”.
-Se comprende mejor por qué en sus textos sobre educación y bibliotecas siempre aparece una fuerte recomendación acerca del valor educativo de las biografías de Franklin.
-Franklin es él. Sarmiento tiene toda una serie de personajes que son él mismo, que son variaciones de la misma cosa. Uno de ellos es Cicerón; “yo era Cicerón” dice, y Julio César es Rosas. Los otros son Electo y Robinson. Dos personajes reales y dos de ficción. En realidad él es todos ellos juntos. Fijate si no era Robinson cuando en su isla del Delta colocaba todos los carteles en inglés y se ponía a hacer cosas con mimbre. Llegó a ganar premios por lo que hacía con mimbre…
-Increíble…
-Los personajes de Sarmiento siempre tienen ambigüedad. Cuando describe a Abraham Lincoln dice que es hombre civilizado y hombre de la naturaleza. La misma idea de civilización de Sarmiento es bastante relativa. A él le interesa la civilización mientras no está fraguada. Cuando va a Francia, Francia lo desanima. Le gustan los EE. UU. porque allí todo está por hacerse. La idea de la civilidad absoluta lo espanta, porque ya está todo hecho, no hay nada más por hacer. Por eso siempre le interesa conservar ese lado “salvaje”. Lo que le interesa es una especie de complemento. Por eso yo siempre subrayo: es “Civilización y Barbarie”, no opone una cosa a la otra. Él se da cuenta, percibe, que si elimina una cosa… Además, Sarmiento mismo es un bárbaro. La mejor definición de Sarmiento la dio Germán Arciniegas, que dice que Sarmiento era un bárbaro que amaba la civilización. Eso es extraordinario. Por eso es que siempre escribe mejor cuando describe a los salvajes que cuando describe a los sabios. Cuando uno compara las biografías de Francisco Muñiz y la del Chacho Peñaloza, la del gran médico no le llega ni a los talones a la del caudillo. Es lo mismo si comparás la de Vélez Sarsfield con la del Facundo. O la de Horace Mann con la del fraile Aldao. Los sabios pierden como en la guerra. En teoría deberían ser mucho más extraordinarias las biografías de los grandes hombres que la de los bárbaros. Pero Sarmiento tiene el interés en otro lado…y las vidas de los grandes hombres se tornan interesantes sólo cuando en los biografiados hay ambigüedades, o partes que abren la posibilidad de la ambigüedad. Por ejemplo, en la vida de Lincoln lo que es extraordinario es su muerte, porque Sarmiento se pone del lado del matador. Es su ambigüedad. Él juega siempre con la figura de Julio César y Bruto, el parricida, digamos. Por ello la imagen de Don Juan que le interesa es la del Don Juan parricida, como son los franceses, cosa que no ocurre con los Don Juanes de lengua castellana.
-Al mencionar a Arciniegas podemos hacerle un lugar aquí a los biógrafos de Sarmiento. Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, Alberto Palcos, Manuel Gálvez y Allison Bunkley son algunos de los más conocidos. ¿Cómo se aborda el estudio de una personalidad como la de Sarmiento?
-Para mí el primero que alcanza a ver la faceta dionisíaca de Sarmiento es Ricardo Rojas. Lo que creo que ayudó mucho a Rojas a captar este costado es su amistad con Belin, el nieto de Sarmiento. Pero no llega a desarrollarlo completamente. El que captó lo mismo, pero con mucho menos desarrollo, es Jorge Luis Borges. Pero a Borges eso le viene de Rojas: había leído a Rojas. Leopoldo Lugones creo que capta partes interesantes de Sarmiento, pero no conocía toda la obra. La biografía de Alberto Palcos es buena, pero sólo muestra al Sarmiento de bronce. Con Manuel Gálvez ocurre lo que con muchas otras biografías. ¿Cómo arma su biografía Gálvez? Por lo pronto no leyó las Obras Completas. Un escritor que escribió tantas biografías, ¿cómo puede hacer ante semejante masa de escritos? Tenía una idea más o menos de lo que quería hacer, lee algunos textos y así la arma. No es que se va a dedicar diez años a armar la biografía. Por ejemplo, Gálvez se pregunta qué habrá querido decir Sarmiento con “notas de policía”. Si hubiera leído algunos de sus textos de educación popular, allí decía qué eran. Hizo la biografía habiendo leído un 20% de la obra de Sarmiento. Si se hubiese metido más se hubiera encontrado con que muchas de las afirmaciones que hace son por lo menos relativas. Los que conocen más a Sarmiento empiezan a relativizar más las cosas, porque el personaje es muy complejo. No hay que olvidar que estos biógrafos no contaban con todos los textos que tenemos hoy en día. Por ejemplo, yo pude trabajar las fuentes que leyó Sarmiento para ver cómo las leía, y para ver cómo las traducía. Cuando él traduce el Bosquejo de Historia Universal que escribe un francés, Levy Alvarez, en un momento leo en su versión acerca de EE. UU. como “el país más grande y rico de la Tierra” y sobre Napoléon que era “el más grande hombre de la historia”. Me llamó la atención, y entonces consigo el original francés, en donde en realidad el autor no habla una sola palabra sobre Napoleón y dice que los EE. UU. son “el país más rico y feliz”. Claro, era imposible que un francés dijera que EE. UU. era el país más rico y feliz del mundo. El país más grande y rico del mundo es Francia de acá a Lujan. Se trataba obviamente de agregados de Sarmiento. Y claro, Napoleón es otra figura vinculada a Rosas. Lo admiraba, y se da el gusto de incluirlo en su traducción.
-La biografía del profesor norteamericano Allison Bunkley suele ser considerada como muy buena.
-Bunkley vino un tiempo a la Argentina a investigar. Trabajó en el museo Sarmiento, leyó toda la correspondencia… El libro es muy serio, está bien hecho, pero claro, Sarmiento es mucho más amplio de lo que él alcanza a ver. Y resulta lógico: le dedicó un tiempo. Sabías que Bunkley se suicida…
-¿Se suicidó?
-Fue un escándalo. Creo que fue en Berkeley, donde él daba clases. Con varios profesores arman una ruleta rusa. Le tocó a él y se pegó un tiro. Flor de escándalo… la biografía se publicó en forma póstuma.
-Hablemos de las Obras Completas. La primera edición la hace su nieto Augusto Belin.
-Es una edición que tiene varios problemas. No olvidemos que están metidos dos editores, porque el primero es Montt, que es el que hace los primeros tomos…
-¿Esto es en Chile?
-Exacto. Toda la cuestión está atravesada por un conflicto entre Belin y su abuelo. Tenían una relación relativamente difícil. Julio Belin era un editor francés que Sarmiento trajo de Europa y lo convenció de crear una editorial. Este Belin se casa con su hija, Faustina, y tienen cinco hijos. A su muerte, el que asume la paternidad es Sarmiento, y Sarmiento tenía sus cosas, era algo despótico… Augusto Belin hereda esta tradición impresora de la familia, y pasa a ser el editor de Sarmiento, editando algunas de sus obras como los Discursos populares. Cuando se están por lanzar las Obras Completas, Belin estaba convencido que él iba a ser el editor. Y Sarmiento, como se trataba de dinero del Estado, para evitar habladurías, no quiso que alguien de la familia hiciera el trabajo. Y entonces se lo da a un personaje como Montt, de enorme prestigio en Chile…
-¿Este Montt es hijo del presidente de Chile, aquel que había sido gran amigo de Sarmiento?
-Así es. Sarmiento había sido ministro de Montt padre, y su primer viaje a Europa es gracias a él. Entonces Montt acepta y se pone manos a la obra. Sarmiento no se ocupaba mucho: cuando Montt le consulta acerca de los artículos periodísticos, cuáles son los suyos, la respuesta es: “los buenos son los míos”. Por eso Montt no pudo evitar cometer varios errores…de pronto le atribuye a Sarmiento un texto que es de Sarratea, etc. Y hay cosas que quedan incompletas. No sabía, por ejemplo, que de Mi defensa que eran varios folletos, faltaban dos.
-¿Cuántos tomos llegó a publicar Montt?
-Fueron ocho tomos, publicados en Chile. La versión del Facundo de Montt Sarmiento no la alcanza a ver. En vida de Sarmiento llegó a haber cinco Facundos distintos. Yo publiqué dos en nuestra página. El de Montt no es ninguno de los cinco: es una variación en función de su criterio.
-Y pasó a ser la versión “oficial”…
-Esta versión que armó Montt es la que circula. Después de la muerte de Sarmiento la edición estuvo parada seis años hasta que el gobierno, por una ley, hace que la edición la prosiga Belin. Entonces retoma los tomos que siguen, desde el tomo noveno. La ley decía que el Estado compraba mil ejemplares de cada uno de los tomos, que no tenían que tener menos de trescientas páginas; el resto eran de Belin y los comercializaba él. Y Belin hacía su negocio. Primero, hizo reimpresiones de las ediciones agotadas de Montt, pero completa algunas cosas y cambia otras. Entonces sucede que las ediciones que vos vas teniendo de la obra por ahí obedecen al tomo chileno original o a la reimpresión de Belin, en el que cambian varias cosas. Incluso en los tomos que Belin mismo reedita, hace nuevos cambios. Porque él hacía una impresión del mismo tomo completo para venderlo por su cuenta, y le vendía al gobierno otro más incompleto, que es el que figuraba en las obras… y en otra reimpresión usaba el más completo. Por eso digo que no es que vos tenés cincuenta y dos tomos y ya está, tenés las Obras Completas. Para tener la obra completa necesitás, pensando sólo en la colección publicada, distintas reimpresiones. Y cuando Belin termina la publicación en 1903 de los cincuenta y dos tomos más el índice, vuelve a hacer reimpresiones en donde agrega cosas. Por ejemplo, vos podés tener un tomo en donde Mi defensa no está completo, y tenés la reimpresión de ese tomo en donde sigue incompleto. Pero podés encontrar un libro por afuera de las Obras Completas, que es casi igual a los tomos originales, en el que está completo. Y recién está completo en la segunda reimpresión.
-¿Cómo es que Belin arma este verdadero laberinto?
-La obra se interrumpe por seis años, tiene dos editores y varias compañías impresoras. Todo muy difícil de controlar. Por ejemplo, tiene un índice que por los constantes cambios no te sirve para todos los tomos reimpresos. Este índice tiene sus propios límites, porque se hizo con un criterio positivista. Por ejemplo, el tigre. Yo tengo cien menciones; en el índice hay sólo dos. Era más importante que figurara tal o tal río antes que otra cosa. Belin armaba juegos y después los vendía, y estos juegos no coinciden con el índice. El desorden llegó hasta tal punto que hay textos repetidos con distinto título. Yo lo encontraba porque dos fichas me mandaban a distintos tomos. ¿Pero en qué tomo está? ¿En este o en este otro? Estas repeticiones se daban incluso en una misma edición.
-O sea que rehacer las Obras Completas sería una obra colosal…
-¡Por supuesto! Incluso hay textos que Belin no conocía, o los confunde. Por ejemplo, una biografía de José de San Martín publicada en los años cincuenta él la confunde con otro texto y Belin no la incluye. Ahora justo encontré una biografía de Albarracín de 1869, escrita por Sarmiento pero no firmada porque aparece en una publicación masónica, El progreso. En la parte que muere Albarracín repite el tópico de la muerte del Deán Funes. Como Sarmiento renunció a la masonería, no firmó esta biografía. La voy a publicar en nuestra página. En esa publicación hay otros textos de él. Hay un artículo sobre los maestros que evidentemente es suyo en donde, además, se cita él mismo. Otro ejemplo: todo lo que Sarmiento escribe contra Roca en El censor, no está en las obras completas porque Belin era amigo de Roca. Yo ahora estoy haciendo un relevamiento de los artículos de El censor.
-¿Y la edición de Luz del Día?
-Es una reedición de la primera. Pero hay otras reediciones en el medio, más chicas. Por ejemplo, hay una de la Librería del Colegio. Muchas veces el propio Belin armaba con la Librería del Colegio nuevos juegos con las ediciones que le sobraban. La Librería los encuadernaba, y editaba algunos, pero seguían siendo impresos por las compañías ligadas a Belin. Él hacía su negocio.
-Es bien conocido el hecho de que un número muy importante de intelectuales y líderes políticos argentinos del siglo XIX eran miembros de la masonería. En el momento de la construcción del país, en que se producía la separación entre Iglesia y Estado, este dato solía tomar estado público, generando cierta polémica. Y Sarmiento estaba entre sus miembros.
-Hay que pensar una cosa. En esa época no podías no tener, digamos, “religión”… El que no tenía una religión como la católica, tan ligada a España, a la visión conservadora, tenía que tener alguna filiación paralela. La masonería es como un sustituto de la religión. Por eso la distancia no era tan grande: por ser masón no dejabas de ser cristiano. La cuestión era estar contra el clero, contra la Iglesia institucional, no contra el espíritu o contra la doctrina. Sarmiento era bien masón, con toda esa fuerte cosa simbólica tan característica de él. Muchas de las rupturas de Sarmiento tienen que ver con masones. Basta con ver los autores que leía, como, por ejemplo, los célebres catecismos de Rudolf Ackermann que devoraba en su infancia. Ackermann era masón, y escribía esos catecismos para los masones. Conyers Middleton, el autor de la vida de Cicerón que Sarmiento siempre leía, era también masón. Y el autor del prólogo del libro de Middleton también era masón. Todo esto era muy fuerte en la época. En un momento decide renunciar porque considera que no puede ser presidente de la Argentina siendo miembro de la masonería. Pero sigue vinculado, evidentemente; basta recordar la publicación de sus textos sin firma en esa publicación masónica que te mencionaba antes. Incluso le pide a su hija Faustina que en el momento de su muerte no le traiga a un sacerdote para la extrema unción.
Alcides Rodríguez (Buenos Aires)